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Han pasado 45 años, pero los admiradores mexicanos de la banda inglesa Queen mantienen el recuerdo y algunos como un servidor aún recuerdan la emoción de haber podido asistir a la única gira que realizó el grupo liderado por Freddie Mercury a México. Dos presentaciones se realizaron en Puebla. El 17 y 18 de octubre de 1981, las inmediaciones del estadio Ignacio Zaragoza, en la zona de Los Fuertes, se convirtió en lugar de reunión de miles de seguidores de la banda de rock que llegamos a Puebla desde diversos puntos del país como si fuéramos caballeros cruzados dispuestos a batirse para defender el honor de la fama de Queen

Fui uno de los privilegiados que a mis 15 años pude ser testigo de esa mítica presentación de Queen en México. Para mí fue mi primer gran concierto a nivel masivo y hasta la fecha aún resuenan las palabras de Freddie enojado e irónico despidiéndose de nosotros (con justa razón): “¡México thank you for the shoes, adiós amigos, mother fuckers. Goodbye you bunch of tacos!”. Sin duda los conciertos masivos en esos tiempos no eran bien recibidos e incluso eran satanizados por el alto consumo de alcohol y de drogas, en especial el fumar marihuana y las reuniones de alta afluencia de jóvenes eran vistas con recelo pues ya estaba el antecedente del festival de Avándaro.

Yo tenía dos meses escasos de haber ingresado al nivel bachillerato en el Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos (CECyT) “Wilfrido Massieu”, todos los que me conocen saben que después de Paul McCartney y The Beatles, mi siguiente banda favorita es Queen. Los conocí cuando en 1979 un amigo de mi hermano mayor nos prestó el LP de vinilo del álbum News of the World. En el CECyT hice amistad con un compañero que también le gustaba Queen y me comentó que se iba a lanzar al concierto que se celebraría el 17 de octubre de 1981 en el Estadio Ignacio Zaragoza de Puebla, Ahora derruido y abandonado. En sus buenos tiempos el recinto fue casa de los Pericos de Puebla y del Puebla FC. Se dice que ya hay un proyecto del “Chelis” Delgado, actual secretario de deportes del estado de Puebla, para rescatar el inmueble.

Regresando a aquel mes de septiembre de 1981, la suerte comenzó a jugar a mi favor. Pues unos días después mi amigo en cuestión me comentó que uno de los integrantes de la “expedición” se había arrepentido y su boleto estaba disponible. No lo dude dos veces y le dije que me apartara el boleto y obvio que me diera la oportunidad de sumarme al contingente de amigos que iban a acudir a tan importante evento. Sólo había dos inconvenientes, el primero que a mis pubertos 15 años necesitaba el permiso y aprobación de mis padres y el segundo los fondos monetarios para la “misión”. Mi Mamá se me quedó viendo como si le hubiera mencionado que me había alistado para irme a la guerra de Vietnam, pero mi hermano mayor que ya se encontraba en la carrera abogó por mí y a regañadientes y con mil recomendaciones también mi papá me dio el permiso y el apoyo económico para ir.

 

Ya tenía el aval paterno y 400 pesos viejos que eran una gran cantidad para aquel año de 1981 y que mi papá con gran sacrificio me proporcionó. El boleto me costó 300 pesos y sobraron 100 pesos para lo que se necesitara. El plan era salir de la clase del laboratorio de Física que teníamos por la mañana de ese sábado 17 de octubre de 1981 en el CECyT y de ahí lanzarnos en una combi propiedad de un tío de mi amigo que pasó por nosotros a la escuela. La adrenalina, el miedo y la emoción a mis 15 años se me agolparon en todo mi organismo durante el camino. Ya había visto meses antes un concierto por televisión de Queen que Verónica Castro había transmitido en su programa nocturno del canal 2. Pero ahora era real. Nunca había acudido a un concierto en vivo y mucho menos a uno masivo; a lo más que me acercaba en cuanto a ver a mis ídolos era los festivales de las películas de los Beatles que se proyectaban en algún cine de vez en vez.

Así con todas estas marañas en la mente se inició la aventura y llegamos a la capital poblana a eso de las cuatro de la tarde de ese sábado. Ya había mucha gente en los alrededores del estadio, el recinto se encuentra ubicado en la zona de los Fuertes, que en esa época se encontraba un poco menos poblada que hoy, por lo que el ambiente que traíamos los fans era de fiesta y muchos ya estaban bebiendo bebidas espirituosas y comiendo en los alrededores, no faltaban los revendedores haciendo de las suyas dando hasta en 1000 pesos el boleto (son pesos de los 80s, así que hagan cuentas). Una atmósfera casi mística comenzó a invadir el ambiente provocada por el olor que indicaba que muchos ya le estaban “quemando las barbas al diablo” (fumando “hierba”) justificado por aquello de que había gran cantidad de chicos “fumando por la emoción”.

Hasta la fecha, los fans más jóvenes de Queen en México se preguntan el por qué se escogió a la capital poblana y Monterrey como las únicas ciudades donde se presentó Queen, tomando en cuenta que hoy en día tener tocando a Paul McCartney en el Foro Sol (Hoy GNP) y Peter Gabriel en el Auditorio Nacional el mismo día, ya es cosa de lo más común en este siglo 21. Pero en aquellos años se había considerado en primera instancia los conciertos de Queen en la Ciudad de México y Guadalajara, pero las autoridades los prohibieron de modo terminante por el temor a las concentraciones masivas.

Las voces cronistas de aquel acontecimiento refieren que la fecha de Puebla fue una situación caótica secuela de la presentación en Monterrey, pues una semana antes, el 9 de octubre, Queen ofreció su primer concierto en tierras regias donde ya se vislumbraba que definitivamente el público mexicano aún no estaba del todo listo para ese tipo de eventos. El problema en la capital poblana fue desde la organización “desorganizada”, la instalación deficiente del escenario, el caótico acceso al público y un sinfín de situaciones que el equipo de los músicos vivió con las autoridades mexicanas, pues al parecer todo fue corrupción al ver a los famosos tan cerca y suponer que eran una mina de oro.

Y llegó el momento, el tío de mi amigo nos entregó a cada quien su boleto que parecía como los boletos del metro un poco mas alargados y con la palabra Queen en Concierto con letras verdes estampadas con algo parecido a la diamantina, nos dio la bendición y nos dijo que nos iba a esperar en el terreno habilitado como estacionamiento a la salida. Nos apilamos junto a las puertas cerca de la hora en que abrirían las mismas. La organización como comenté, era un caos y aunque había varios policías en la zona, aun así muchos jóvenes y  otros no tan jóvenes tiraron las rejas al momento en que se abrieron los accesos porque querían entrar. En su intento del asalto, nos empezaron a aprisionar contra las rejas a los que si teníamos boletos y llegó un momento que sentí que me estaban asfixiando y poco faltó para que me fuera al piso. El estadio era muy pequeño para tanta gente que quería ver a Queen en vivo, así que la banda dio la oportunidad de que algunas personas (sobre todo mujeres) saltaran el cerco alrededor del escenario, en cierta medida para que no fueran aplastadas por los demás fanáticos.

 

Cuando se dio finalmente el portazo todos entramos en estampida, yo enseñaba mi boleto tímidamente al ir caminando, nadie lo revisaba así que pasamos todos, con o sin boleto y nos apilamos en la cancha entre mas aventones, “caguamas” en envases de vidrio (cervezas en envase familiar), y cualquier cantidad de cosas que hoy en día son inimaginables que puedan pasar en los filtros de un concierto en el Foro GNP, la Arena Ciudad de México ó en el Auditorio Nacional.

La noche comenzó animada por música a través del sonido del estadio, había zonas del mismo con gente muy tranquila y otras donde estaban de plano en batallas campales, nuestro grupito se ubicó un poco delante de la media cancha y dominábamos el escenario de un modo decente. Luego de la música pasaron unos minutos y se apagaron las luces y se escucharon los estruendos sacados del LP Jazz, se encendieron el juego de luces para dar inicio al concierto; el escenario era enorme y espectacular, en México no se había visto nada igual o por lo menos yo no lo había visto. Freddie Mercury salió con una playera donde se veía estampado el logo de Superman y se empezaban a escuchar los acordes de We Will Rock You en su versión acelerada heavy. Yo no imaginaba a Freddie tan delgado, pero era como un sueño verlo y escucharlo ya que sonaba igual que en sus discos.

Se fueron alternando los éxitos y las canciones del setlist que se fue volando. El escuchar Somebody to Love en vivo fue para mí el éxtasis ya que siempre fue mi favorita de Queen en vivo. Seguirían las canciones del álbum The Game que en esas fechas se encontraba en los cuernos de la luna como The Game, Save Me y no podía faltar el medley que ya era tradición conformado por Killer Queen, I´m in Love With My Car y el espectáculo de luces con Get Down Make Love y por fin llegó Bohemian Rhapsody y al final de la canción Freddie dijo: “Gracias Puebla” y a pesar del ambiente enrarecido, la multitud rugió para agradecer el mayor éxito de Queen, posteriormente entonaron Tie Your Mother Down y al terminar la canción el grupo salió del escenario y las luces se apagaron. Ahí se empezó a descomponer el ambiente más de lo que ya estaba, ya que muchos pensaron que el concierto había ya terminado y con una duración corta; inmediatamente la multitud comenzó a chiflar y a aventar botellas, pasto de la cancha y cualquier cantidad de cosas hacia el escenario.

A los pocos minutos se volvió a encender el escenario y comenzó de nuevo la música con el ritmo del bajo y la batería de una canción ultra conocida por los fans: Another One Bites The Dust. Cuando Freddie saltó nuevamente al escenario traía un sombrero grande al estilo zacapoaxtla, de esos de palma, me hizo gracia, pero a la mayoría de los que llenaban el estadio no les gustó, o eso creo, pues escuché a mis espaldas un grito: “pinche culero, ni que aquí viviéramos puros pinches indios”, la rechifla y gritería a mis 15 años me asustó y es que Freddie además tomo un vaso con agua y se lo arrojo al público, algo que ya era común en sus conciertos, pero esto acabó de enardecer a la turba que comenzó a aventarle a Freddie con más fuerza zapatos, baterías de las grabadoras, calcetines rellenos de tierra, envases de “caguama” y mas césped de la cancha y entonces pensé: “¡no inventen! ¿¡como le avientan zapatos!?”.

Por un momento se pensó que Queen iba a abandonar el escenario al ver la lluvia de cosas y los chiflidos, pero no sucedió así y era algo patético y de dar pena que en el clímax del desorden un zapato golpeó a John Deacon y una media de dama rellena de tierra y pasto voló hacia Brian May, la prenda terminó enredándose en el mástil de su mítica guitarra roja, en eso se interpretaba el requinto de We Will Rock You y el pobre Brian no dejaba de tocar su solo y a la vez intentaba desesperado desenredar la media de la guitarra y seguir tocando.

Llegó por fin el final del show con los acordes de God Save The Queen y Freedie dijo a modo ácido de despedida: «Muchas gracias Puebla, Mexico. -Thank You For The Shoes- adios amigos you´re mother fuckers! You bunch of tacos, goodbye!«. En esa época yo aun no entendía que significaba «mother fucker«, cuando años después de estudiar inglés me enteré del significado; pues si sentí entre pena y  enojo. La gente pedía otra canción pero los verdaderos fans de Queen sabíamos que después de God Save The Queen no habría nada adicional. Se apagó el escenario y se dio por terminado el show.

 

Años después, Mi hermano menor y yo nos inscribimos al club oficial de Queen, que editaba una revista trimestral. Con emoción pedimos por correo números atrasados y pedimos el que correspondía a diciembre de 1981. La verdad si me dio un poco de desilusión y tristeza lo que el grupo opinó de su visita a México al afirmar : “… recién venimos de llegar de Montreal y Puebla en México, es un país de salvajes, no sabemos cómo salimos vivos de ahí y la verdad no regresaríamos a tocar en México nunca por nada del mundo«.

A pesar de que a partir de los años 90 del siglo pasado, México se abrió por fin a los conciertos masivos donde por ejemplo ya hemos tenido 19 conciertos de Paul McCartney en tierras aztecas sin ningún contratiempo, es muy probable que los miembros en activo de la banda Queen (Brian May y Roger Taylor) siguen conservando ese recuerdo de esa caótica actuación,  ya que estos dos rockeros que siguen ofreciendo conciertos a nivel mundial con el nombre Queen, ni por equivocación han contemplado regresar nuevamente a México en pleno siglo XXI. Tal vez no saben que las condiciones de los conciertos masivos han cambiado aquí y seguramente ellos tienen solo el recuerdo de aquel desastre de 1981.

Queda para la anécdota y como aprendizaje doloroso de lo que es el comportamiento en conciertos masivos en México. A las nuevas generaciones e incluso a los fans de Paul McCartney les parecerá un relato surrealista del salvaje oeste comparado a la organización de los conciertos que ya se llevan a cabo en estas tierras aztecas. Pero Queen fue pionero al atreverse a venir aquí a pesar de no haber la mínima condición para llevar a cabo su show arriesgando incluso su propia integridad física de los miembros de la banda.

Fue un espectáculo nunca visto en Puebla y en México, donde el póster y fotografías de la época daban cuenta de un concierto que prometió 100 toneladas de equipo, 150 mil watts de salida de audio y 600 mil watts de iluminación por computadora, todo esto por 300 pesos de aquella época en entrada general. Hasta la fecha me sigo preguntando como regresaron a sus casas las cientos de personas descalzas que arrojaron sus zapatos al escenario. La presentación de Queen en Monterrey y Puebla, a pesar de lo desastroso, se han convertido en un mito del rock en México generado en aquel mes de octubre de 1981, un mito que tomó vida propia en aquel estadio Ignacio Zaragoza hace 45 años.

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