McCartney II es el segundo album en la carrera de Paul McCartney en el cual él toca todos los instrumentos incluidos en cada una de sus canciones. Salió al mercado en el Reino Unido el 16 de mayo de 1980.
Realizar un trabajo literalmente solista fue una idea que se le ocurrió después de terminar el álbum Back To The Egg. Con ganas de volver al origen, algo tan característico en él, se comunicó con el ingeniero de sonido Eddie Klein y le pidió ayuda para montar un estudio en su casa de Sussex a partir de junio de 1979.
Klein había trabajado en los estudios Abbey Road y estaba familiarizado con los requerimientos de sonido de McCartney. Su trabajo, a partir de ese momento, consistió en habilitar una consola de 16 tracks rentada por Paul para que ésta pudiera grabar tanto su voz como las diferentes pistas de los instrumentos que se usarían en cada una de las canciones de McCartney II.
La intención era experimentar, explorar el uso de sintetizadores y gozar su control absoluto sobre todos los sonidos. Sin cámaras de eco ni cajas de sonido, Paul calculó los intervalos necesarios para aplicar a su voz los efectos que deseaba. Su trabajo se llevó a cabo tanto en Sussex como en el estudio Spirit Of Ranachan en Escocia.
Pausó su trabajo en enero para iniciar su gira con Wings en Japón que incluiría 11 presentaciones. Lamentablemente para él, las autoridades migratorias del país lo arrestaron cuando le detectaron a su llegada 219 gramos de hierba en su equipaje. Fue liberado el 25 de enero de 1980 y, al saber que su banda había ya abandonado el país, regreso a su granja de Escocia.
Fue entonces cuando recordó las canciones que había producido en junio y julio del año anterior y decidió sacarlas al mercado bajo el nombre de McCartney II.
A continuación sus declaraciones sobre cada canción incluida en el álbum.

Originalmente, la grabé en mi granja en Escocia. Iba al estudio cada día y empezaba simplemente con una pista de batería. Luego, fui construyendo la canción poco a poco, sin tener ni idea de cómo iba a quedar al final. Tras grabar la batería, añadí guitarras y bajo, dando forma a la base musical. Hice una versión en la que yo mismo actuaba como una especie de «profesor chiflado»: me encargaba de todo, sumergiéndome en mi propio mundo, como si estuviera en un laboratorio. Cuando trabajo así, me convierto en una especie de profesor despistado; te metes tanto en tu propio universo que resulta extraño, una locura. Pero me gustaba. Luego pensé: «Bueno, vale, ¿qué voy a hacer con la voz?». Estaba usando un equipo de velocidad variable que permitía acelerar la voz o bajarle un poco el tono. Así fue como surgió ese sonido vocal: la voz está ligeramente acelerada y pasada por una máquina de eco con la que estuve experimentando. Puse en práctica todo tipo de trucos; de hecho, ya ni recuerdo cómo hice la mitad de ellos, porque iba probando de todo y, si algo sonaba bien, lo dejaba. Y lo que no me gustaba, simplemente lo borraba… Siempre pensé que la versión en solitario sería la que saldría como sencillo.

Es como una secretaria desechable y eso me pareció algo gracioso. La canción está escrita desde la perspectiva de un tipo que simplemente quiere una secretaria desechable y le escribe a una agencia para intentar conseguir una. Me gusta la idea; me pareció divertida, ¿sabes? Eso de pedir una secretaria temporal. Ese sonido que se escucha en el tema, que recuerda a una máquina de escribir espacial, proviene de un secuenciador. Lo utilicé para marcar el tempo y, una vez más, fui componiendo la canción sobre la marcha. Tiene cierta influencia de Ian Dury.

Grabé una pista de batería y algo de bajo, y eso fue todo. El tema quedó ahí guardado durante un mes más o menos. El día antes de retomar el trabajo vi a Alexis Korner en un programa de televisión sobre blues y pensé: «Tengo que hacer algo así porque es el tipo de música que me gusta». Así fue como surgió aquel tema.

La única canción que estaba escrita antes de que empezara a grabar fue Waterfalls». Se pudo haber titulado «I Need Love», pero eso habría sido demasiado ordinario. Simplemente se me ocurrió la idea de las cascadas y los lagos —inspirada en los carteles que se ven en los centros turísticos estadounidenses— y la idea se quedó. A mitad del álbum, mientras iba improvisando sobre la marcha, me aburrí un poco. Para entonces ya tenía terminados unos ocho temas, así que pensé en hacer algo distinto. Decidí incluir una canción que ya estaba escrita —un tema que había sobrado del último álbum de Wings— y que, por aquel entonces, era mi favorita. Por eso está incluida. La letra original era solo un borrador, algo visceral, algo que simplemente salió de golpe. Pensé que tendría que ponerme serio y sensato para cambiarla, no me gustan las letras así. Pero, con el tiempo, empezaron a gustarme y decidí añadir un piano eléctrico y un sintetizador de cuerdas que sonara a lo lejos, como una orquesta suiza un tanto excéntrica en la cima de una montaña. ¡Y funcionó! Mucha gente me ha llamado para decirme que es su canción favorita. Así que, cuando algo genera una sensación tan buena, piensas que quizá debería ser un sencillo.

Eso también surgió tras ver la serie de blues. Soy gran admirador de muchos músicos de blues. Una de las cosas que me resultan curiosas es que, en el blues, aunque se supone que se trata de una estructura de 12 compases, a veces aparecen compases irregulares. En muchos discos de blues, las estructuras no son nunca exactas; así que, en este tema, hago lo mismo. Esa fue la inspiración fundamental detrás de la pieza.

Eso fue lo primero que hice para el álbum y lo llevé a cabo en la sala de estar de una vieja casa de campo. En aquel momento estaba vacía, así que simplemente metimos el equipo de grabación y utilizamos la cocina como cámara de eco. Era una cocina grande y con mucha reverberación por lo que no necesité recurrir a efectos de eco ni a ningún otro artificio durante las sesiones. Tuve que apañármelas: si quería algo de eco, no tenía más que pararme en esa gran cocina con una caja de batería y golpearla con fuerza. Así es como conseguí ese efecto de eco en la caja. En esa pequeña sala de estar, que aún conserva el antiguo papel tapiz de flores y una pequeña chimenea, fue donde se grabó el tema principal.

Había escuchado una pieza musical que me gustó, la cual tenía un aire muy clásico. Así que, ese día, al entrar al estudio, pensé que sería un buen cambio intentar algo, digamos, de estilo clásico. Fui desarrollando la composición, escribí un par de frases y añadí algunas voces; el resultado suena a algo clásico combinado.

Se grabó en el verano de 1979. Por aquel entonces estaba experimentando de nuevo con sintetizadores cuando, de repente, di con algo que sonaba muy oriental. Una vez terminado el tema, me pareció tan oriental que pensé: «Debería buscar un título realmente poético». Intenté dar con uno adecuado y se me ocurrieron opciones como «Témpanos cristalinos sobre la pequeña cabaña junto al monte Fuji cubierto de nieve» o «Escena nevada en Oriente» pero todos sonaban un tanto torpes. Para no olvidarlo, anoté un título provisional: «Frozen Jap». «Frozen» (congelado) hacía referencia al hielo y a la escena nevada, mientras que «Jap» aludía a lo oriental y a esa zona del mundo. El título se quedó. Ahora, estoy seguro de que la gente piensa que se grabó después de aquel incidente en Japón. Decidimos cambiar el título a «Frozen Japanese» para el lanzamiento del álbum en Japón ya que no queríamos ofender a nadie allí. Sin embargo, cuando los japoneses conocieron el listado de canciones del álbum, reaccionaron con furia. Pensaron que estaba relacionado con el hecho de que me habían detenido allí. Lo consideraron un insulto.

Existe un libro titulado «Fungus the Bogeyman», dirigido tanto a niños como a adultos. Me lo envió alguien que está preparando una adaptación cinematográfica y quería que compusiera algo de música para la película. La historia es un tanto peculiar; la premisa es que los «bogeymen» (monstruos o seres fantásticos) son los responsables de los ruidos extraños que se escuchan por la noche. Viven bajo tierra, salen al anochecer para asustar a la gente y les gusta todo lo opuesto a lo que nos gusta a nosotros. Si a nosotros nos agrada la ropa seca y calentita, a ellos les encanta la ropa húmeda y viscosa. Además, en su biblioteca tienen toda clase de libros disparatados, como «Lady Chatterley’s Bogey». Es un libro fantástico, una locura total que me cautivó en cuanto lo tuve en mis manos. El caso es que un día tenía el libro en el estudio y lo abrí en una página en donde los jóvenes de «Bogeyland» se rebelan contra los mayores, quienes detestan la música. Los jóvenes empiezan a ponerse ropa limpia y seca, llegan incluso a bañarse —algo inaudito para ellos— y se aficionan al rock and roll. Así que tomé esa página, la observé un momento y pensé: «Vaya, esto suena a rock and rol». Entonces compuse el tema y lo titulé Bogey Music. En realidad, es una fantasía disparatada, pero eso es precisamente lo que tenía en mente cuando lo creé.

No tenía nada que ver con Linda ni con el cuarto oscuro donde revela sus fotografías. En realidad, al oír la palabra «darkroom» pensé que tenía muchas connotaciones. Podía referirse a una habitación oscura, a un cuarto oscuro de fotografía o, simplemente, a una estancia que está a oscuras. Ya sabes, cuando alguien le dice a una chica: «Ven a mi cuarto oscuro», es algo parecido a decir: «Ven, déjame llevarte al Casbah». Así que aproveché ese doble sentido. Luego añadí una atmósfera de fondo y eso es todo. La idea es que suene como una especie de cuarto oscuro un tanto extraño o algo por el estilo. En un principio Darkroom no iba a estar en este álbum ya que tuvimos que descartar unas ocho o nueve canciones.

Surgió cuando un seguidor de Hare Krishna vino a visitarme. Era un tipo agradable, muy tranquilo. Después de que se fue, fui al estudio y su vibra perduró un poco. Ese día empecé a componer algo más gentil. La canción encajaba bien como una pieza muy sencilla y, en esencia, dice: «Un día de estos días haré lo que he querido hacer el resto de mi vida». Creo que es algo con lo que mucha gente puede identificarse.











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