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Hace poco más de cuatro décadas se llevó a cabo el megaconcierto altruista Live Aid, un evento sin precedentes que reunió a las grandes figuras de la música en Londres y Philadelphia para ofrecer presentaciones memorables. Sobre la historia general de este hito ya hemos publicado previamente en este sitio: https://www.elcirculobeatle.com/live-aid-el-mega-concierto-dio-paso-al-llamado-dia-mundial-del-rock y https://www.elcirculobeatle.com/el-retorno-a-los-conciertos-de-paul-mccartney-live-aid-1985-a-40-anos-de-su-realizacion

Ambos escenarios —tanto el Estadio de Wembley como el JFK— contaron con alineaciones únicas que hicieron inolvidable la jornada, todo con el propósito de combatir la hambruna en el continente africano. Sin embargo, en esta ocasión nos enfocaremos en repasar las actuaciones de algunas bandas y solistas que pisaron el césped de Wembley aquel histórico 13 de julio de 1985.

El recital dio inicio al mediodía tras una ceremonia formal encabezada por el príncipe Carlos y Lady Diana. La agrupación Status Quo fue la encargada de abrir la parte musical, marcando el comienzo de un desfile ininterrumpido de estrellas. Aunque cada banda merecería un reconocimiento propio, destacamos cinco presentaciones que, aún hoy, nos erizan la piel al recordarlas:

U2

U2 llegó a Wembley como una banda en pleno ascenso y salió convertida en leyenda. Un año antes, en 1984, habían lanzado el álbum The Unforgettable Fire, del que se desprendió el exitoso sencillo Pride (In the Name of Love). Los irlandeses ya eran reconocidos por sus letras combativas y su sonido rock impregnado de herencia punk, new wave y matices del rock clásico.

Justo después de que Bryan Adams terminara su participación en el estadio JFK, el actor Jack Nicholson anunció la conexión vía satélite entre ambas ciudades, siendo U2 la agrupación elegida para inaugurar ese histórico enlace. En poco más de 12 minutos, Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen Jr. entregaron uno de los sets más emotivos de toda la jornada.

Arrancaron con Sunday Bloody Sunday, muy bien recibida por el público de ambos lados del Atlántico. Posteriormente interpretaron Bad, el tema que definió el momento. Durante su ejecución, Bono bajó de la tarima, saltó la barrera de seguridad y caminó entre la multitud para presuntamente rescatar a una joven que estaba siendo aplastada y subir al escenario a otro par chicas que lo abrazaron emocionadas. Ese gesto espontáneo y lleno de humanidad transformó el concierto en un acto casi religioso. Debido a la demora del cantante en regresar al escenario, el grupo tuvo que alargar la canción instrumentalmente; al reincorporarse, Bono improvisó incluyendo fragmentos de Walk on the Wild Side de Lou Reed y Sympathy for the Devil de The Rolling Stones.

Con sólo dos canciones, U2 demostró que el rock podía ser épico, político y profundamente humano al mismo tiempo. Como nota curiosa, el plan original del grupo era tocar tres temas, pero el desarrollo de Bad agotó su tiempo disponible, dejando fuera a Pride (In the Name of Love).

 

The Who

Al momento de subir al escenario de Wembley, la legendaria banda británica llevaba alrededor de tres años separada. Su exitosa gira de despedida en 1982 —con Kenney Jones en la batería en sustitución del fallecido Keith Moon (1978) — había culminado con llenos absolutos en cada recinto.

Aquella tarde, Roger Daltrey, Pete Townshend, John Entwistle y Kenney Jones volvieron a unir fuerzas para regalar un momento caóticamente sublime que demostró que la energía del grupo seguía intacta. Justo cuando entraron, tomaron sus instrumentos y comenzaron a tocar la icónica My Generation, un fusible se fundió. El fallo dejó fuera de aire la transmisión global de radio y televisión, mostrando pantallas en blanco a millones de espectadores.

Sin embargo, para los miles de asistentes dentro del estadio la historia fue muy distinta: ellos sí vibraron con la potente voz de Daltrey entonando la inmortal frase de Townshend: «I hope I die before I get old«.

Pese al inconveniente técnico, el grupo se comportó como la leyenda que es. Cada integrante aportó su sello característico: Daltrey adueñándose del escenario mientras giraba el micrófono por los aires, Townshend ejecutando la guitarra con fiereza, Entwistle bordando líneas de bajo con una precisión magistral y Jones sosteniendo el pulso con una batería potente y sobria.

Tras el incidente inicial, continuaron con una estupenda versión de Love, Reign O’er Me y una vibrante ejecución de Won’t Get Fooled Again, dando una lección de la pura esencia del hard rock. Quizás su presentación no fue perfecta en términos técnicos, pero resultó inolvidable tanto para los presentes como para quienes la siguieron por medios electrónicos.

 

David Bowie

Había pasado un tiempo desde que David Bowie concluyó su exitoso Serious Moonlight Tour en Hong Kong (diciembre de 1983). Debido a compromisos previos, los músicos que lo acompañaron en esa gira no pudieron estar presentes en Londres para 1985. Por ello, Bowie reclutó a una alineación de enorme calidad: Thomas Dolby en los teclados, Kevin Armstrong en la guitarra, Neil Conti en la batería, Matthew Seligman en el bajo, Clare Hirst en el saxofón, Pedro Ortiz en las percusiones, y Tessa Niles junto a Helena Springs en los coros.

Bowie pisó el escenario con la elegancia y la autoridad de un verdadero ícono: vestido de forma impecable con un traje gris y luciendo esa presencia magnética tan suya. Su participación fue breve pero intensa, combinando dinamismo, emoción y esperanza.

El Duque Blanco abrió su recital con TVC15 (del álbum Station to Station, 1976), continuó con la energía rockera de Rebel Rebel (1974) y pasó al éxito pop Modern Love (de Let’s Dance, 1983). Para el cierre reservó Heroes, elevando la atmósfera a una comunión absoluta con la audiencia. En esa noche, miles de personas en el estadio y millones tras las pantallas se sintieron héroes «sólo por un día».

 

Elton John

Elton John llegó al evento consagrado como una superestrella global con una trayectoria repleta de éxitos. En el escenario se instaló su característico piano de cola blanco, desde donde ofreció un espectáculo brillante. Estuvo acompañado por sus eternos coequiperos —el guitarrista Davey Johnstone y el percusionista Ray Cooper—, además de David Paton en el bajo, Charlie Morgan en la batería, Fred Mandel en los teclados, y una completa sección de vientos y coros.

El músico desató la euforia general desde las primeras notas de I’m Still Standing, para luego tocar otros dos clásicos: la festiva Bennie and the Jets y la épica Rocket Man.

Las sorpresas no tardaron en llegar. Elton anunció la entrada de Kiki Dee para interpretar a dúo Don’t Go Breaking My Heart, reviviendo el éxito que compartieron en 1976. Mientras el público aún se recuperaba de la emoción, invitó al escenario a George Michael y Andrew Ridgeley, integrantes del dueto Wham! (enormemente populares en ese momento por su hit Wake Me Up Before You Go-Go). Ridgeley se sumó a los coros junto a Kiki Dee, mientras George Michael tomó el frente para cantar una emotiva versión de Don’t Let the Sun Go Down on Me, regalando uno de los momentos mágicos de la noche.

Finalmente, Elton John se despidió con una versión del tema de Marvin Gaye, Can I Get a Witness, cerrando un set impecable que dejó el ambiente en su punto más alto para el gran final en Wembley.

 

Queen

Nadie puede negar que la corona indiscutible del Live Aid perteneció a Queen. Si lo de The Who fue la chispa del caos rockero, lo de U2 el ascenso meteórico, y lo de Bowie y Elton John la elegancia de los clásicos, lo de Queen fue una demostración de energía desbordante y una masterclass de cómo conquistar al mundo en 20 minutos.

El grupo venía de completar el extenso The Works Tour, que los llevó por diversas partes del globo —incluyendo su histórica participación en el festival Rock in Rio en enero de 1985— y que había culminado en Nueva Zelanda en abril. Gracias a esto, la banda estaba en una forma musical impecable. El reto era condensar su repertorio en sólo 20 minutos, por lo que optaron por armar un medley —al estilo de sus giras de los años 70— combinando éxitos clásicos y recientes. Tras ensayar el formato días antes, dejaron todo listo para la gran cita.

Aquella tarde, unos 70,000 espectadores ovacionaron a la banda al salir a escena. Cada integrante ocupó su lugar, Freddie Mercury se acomodó al piano y arrancó con los acordes de Bohemian Rhapsody, la cual se enlazó con Radio Ga Ga (de su disco The Works). La multitud siguió cada movimiento de Mercury, alzando los brazos y aplaudiendo al ritmo del coro.

Al terminar el tema, Freddie protagonizó su famoso juego vocal: lanzó su célebre «Ay-Oh» y la audiencia completa respondió al unísono. Acto seguido, anunció Hammer to Fall mientras el electrizante riff de guitarra de Brian May retumbaba en todo el recinto.

El setlist continuó con Crazy Little Thing Called Love, preparando el terreno para un final apoteósico: una versión reducida de We Will Rock You seguida de We Are the Champions. Con esta actuación, Queen dio una cátedra magistral de cómo dominar un estadio, inmortalizando la figura de Freddie Mercury en una de las mejores presentaciones de la historia de la música.

Como epílogo, Freddie Mercury y Brian May regresaron más tarde la escenario, luego de la presentación de Elton John, para tocar el tema Is This The World We Created…?

 

Aquel 13 de julio de 1985 dejó muchas otras actuaciones memorables en ambos estadios, todas ellas valiosas y dignas de ser analizadas en detalle más adelante. Por la magnitud de estos momentos, Live Aid se mantiene como un hito insuperable que, hasta el día de hoy, nos sigue apasionando y emocionando como el primer día.

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