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Algunos pasajes de tu vida están estrechamente relacionados con canciones concretas. Cuando descubrí a Barry White (1944-2003), su época de esplendor ya había pasado. Así que por mis gustos por Paul McCartney, The Beatles, Queen y el de White entre otros, mis amigos preferían a Guns and Roses, The Cure, U2… así que yo era «el raro» en gustos musicales.

Barrence Eugene Carter (nombre real), nació en un gueto de Galveston (Texas). Re- inventó el soul de Filadelfia. Creó una banda de 60 músicos, donde el violín jugaba un papel decisivo en la percusión. Su voz profunda, rota, con la que hacía unas intros sermones a sus temas, sus cambios de ritmo y su inevitable vinculación al amor y la sensualidad, le convirtieron un un referente de los años 70 y parte de los 80. Nunca lo pude ver actuar en directo, todo un espectáculo, con sus 110 kilos de humanidad moviéndose por el escenario.

Desde pequeño tuvo una vida un tanto tormentosa, su entorno era realmente negativo, lo que hizo que alguna vez pisase la cárcel. Con 16 años fue detenido por robar ruedas a los coches y contaba que aquella experiencia le transformó y le decidió dedicarse a la música. Lo de la voz, cuenta White que fue de repente. Que un día, siendo adolescente, amaneció con ella y se quedó tan sorprendido como su madre.

Fue precisamente esa voz, imitando una llamada sensual al teléfono, la que le proporcionó su primer éxito con Love Unlimited. Una fórmula que repetiría hasta la saciedad. Barry White que cantaba contra el «muro» de su orquesta de 40 músicos, fue comparado por ello a Phil Spector. En los años siguientes su carrera decayó hasta el punto de que sólo apareció su música en series como Los Simpson o Ally McBeal, las que le devolvieron a la popularidad.

A finales del año 1974 (la  MTV aún no existía y los mercados discográficos podían a veces tomarse su tiempo) un poderoso tema en clave del naciente estilo disco alcanzaba los puestos más altos de las listas norteamericanas y británicas. Con My First, My Last, My Everything, la ronquísima voz de Barry White se consagraba definitivamente como uno de los distintivos musicales de los setenta.

Para entonces, Barry White no era ya un desconocido para el gran público. Y la cosa tenía su mérito para como ya se mencionó, ser un antiguo delincuente juvenil que llegó a pasar un tiempo en la cárcel por robo. No obstante, cual Saulo afroamericano, a Barry White se le tuvo que aparecer el mismísimo Elvis Presley mediante su inolvidable versión del O Sole Mio que era It’s Now Or Never.

Con tamaña revelación, el hombre dejó lo de los atracos por lo de la música y se decidió a emular al rey del rock and roll y si durante los sesenta se dedicó fundamentalmente a la composición, en los setenta terminó por lanzarse definitivamente al ruedo. Y lo hizo a lo grande. Montó una orquesta de cuarenta músicos alrededor de un grupo femenino familiar al que patrocinó -Love Unlimited- y comenzó a grabar discos por su cuenta.

Casi inmediatamente, el sonido grandilocuente de aquella orquesta -llamada apropiadamente The Love Unlimited Orchestra- acompañado de lo que en muy poco tiempo acabaría definiendo el sonido disco, marcaría una buena colección de hits a lo largo de aquellos años. Sin embargo, todo aquel montaje musical mastodóntico ensombrecía como marca de la casa al lado de la peculiar, ultrarronca voz de White.

White siempre se caracterizó por tener un timbre bajo, muy grave y ronco, ganó muchos premios y reconocimiento por su estilo varonil, romántico y profundo. La gran mayoría de sus canciones están enfocadas en fusiones de diferentes géneros, uno de ellos relacionado con la atracción y el entusiasmo que se siente hacia el sexo femenino, así pues, para cuando You’re My First, My Last, My Everything tomó los puestos principales de las diferentes listas de éxitos, prácticamente todo el mundo conocía ya a aquel tipo que igual «dirigía» orquestaciones discotequeras como susurraba a golpe de ronquido en temas aptos para poner con la luz baja y bien acompañado.

Editó 26 álbumes de los que siete fueron número uno. Su talento fue reconocido a lo largo de su carrera con varios top número uno en Billboard y en el año 2000, ganando tres premios Grammy, 106 discos de oro y 41 discos de platino. En 2013 se le concedió una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood.

Algunos de sus temas más icónicos que se han quedado marcados ya como clásicos son los siguientes:

You Are The First, The Last, My Everything es el ritmo optimista que puede recargar energéticamente en cualquier situación, el mensaje que nos quiere transmitir es muy claro, es la sensación de felicidad al encontrar a la persona que da sentido a tu vida. La satisfacción de hallar a aquella con la que sabes que el futuro será maravilloso si está a tu lado. La libertad del alma al saber que no hacen falta más preguntas existenciales, religiosas o filosóficas porque la respuesta está frente a ti. Es aquella con la que sabes que no estarás desamparado porque ella es tu hogar. Y se lo tienes que decir de mil formas porque ella no puede comprender que es tan excepcional, porque hay personas que les cuesta un mundo reconocer la valía propia.

La música empieza con la sección de viento a todo vapor, las guitarras y el bajo en toda su energía y una batería y teclados presentes en todo momento. De fondo escuchamos el arpa y la sección de viento. El coro femenino apoya en todo momento la voz de barítono de Barry. Hacia el final del tema aparece la tuba con un ritmo de lo más curioso.

 

Never Never Gonna Give You Up es un himno al amor incondicional y eterno. Con su voz profunda, Barry White transmite un mensaje de devoción y compromiso hacia su pareja. La letra habla de un amor tan fuerte que el cantante promete nunca abandonar ni dejar de amar a su ser amado. La canción se convierte en una promesa de estar siempre presente, de complacer y de hacer todo lo que su pareja desee, destacando la importancia de mantener satisfecho al ser amado en todos los aspectos posibles.

La canción también refleja una confianza y una realización personal al haber encontrado lo que el mundo busca: el amor verdadero. Barry White expresa que no necesita buscar más porque ha encontrado en su pareja todo lo que necesitaba. Esta idea de encontrar la pieza que completa su mundo es una metáfora recurrente en las canciones de amor, y White la utiliza para reforzar la intensidad de sus sentimientos. Además, la repetición de la frase «I’m never ever gonna quit ‘cause quitin’ just ain’t my schtick» enfatiza su determinación de permanecer fiel y constante en su amor.

Musicalmente, la canción se caracteriza por su estilo soul y R&B, géneros en los que Barry White se destacó. La combinación de su voz grave con los arreglos musicales sensuales y la letra apasionada, hacen de esta canción un clásico del romanticismo en la música. Barry White es conocido por sus baladas románticas que a menudo hablan de amor y relaciones, y Never, Never Gonna Give You Up es un ejemplo perfecto de su habilidad para capturar la esencia del compromiso amoroso.

 

Just The Way You Are es una balada romántica que celebra el amor incondicional y la aceptación. Barry White, conocido por su voz profunda y seductora, utiliza esta canción para transmitir un mensaje de amor y aprecio hacia su pareja tal y como es, sin desear cambios ni ajustes para satisfacer sus propias expectativas o deseos. La letra refleja una devoción genuina y un compromiso con la relación, independientemente de las circunstancias que puedan surgir.

En el contexto lírico, White enfatiza la importancia de no dar por sentado a la persona amada, reconociendo que la vida es impredecible y que el amor verdadero es constante y no está sujeto a las vicisitudes del tiempo o las modas pasajeras. La canción rechaza la idea de que la pareja necesita cambiar para mantener el amor, ya sea en su apariencia o en su manera de ser. Este mensaje se refuerza con la repetición de la frase ‘I love you just the way you are’, que se convierte en un mantra de aceptación y amor incondicional.

Barry White, con su estilo característico de soul y R&B, logra en Just The Way You Are crear una atmósfera íntima y cálida que acompaña perfectamente la sinceridad de sus palabras. La canción no solo es un testimonio del amor de White, sino que también se ha convertido en un himno para aquellos que buscan expresar sus sentimientos más profundos de aceptación y amor eterno hacia sus parejas, tal y como son, sin pretensiones ni condiciones me transporta a esas chicas que me dejaron, seguramente con razón.

 

En los años siguientes a sus éxitos, su carrera decayó y tras un periodo de «crisis», al no poder mantener sus giras con tantos músicos, tuvo que re-inventarse y simplificar su sonido. Firmó tres grandes discos en los 90. Con el último, staying power (1999), ganó dos Grammys y contiene wich way is up, un tema mágico que funcionó de maravilla para «la ELA existe», la única canción de Barry que he podido poner en una campaña publicitaria en toda mi carrera. Me encanta el solo de saxo y su ritmo sostenido.

Tiene el extraño récord de ser la mejor inspiración para hacer el amor, según una votación realizada en Estados Unidos al finalizar el milenio. Se permitió el lujo de versionar Just The Way You Are de Billy Joel y entrar en el top five .

Barry estuvo casado en dos ocasiones y tuvo seis hijos. Al inicio del año 2000, la salud de White comenzó a deteriorarse. Sufría hipertensión crónica y fue hospitalizado por un fallo renal en septiembre de 2002, a la espera de un trasplante. Se le practicó un tratamiento con diálisis, pero la combinación de ambas enfermedades fue demasiado para él. El 4 de julio de 2003 Barry White dejó este mundo en un hospital de Hollywood  con tan sólo 58 años falleció a causa de una insuficiencia renal crónica. Barry White fue distinguido de forma póstuma con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. La estrella fue inaugurada en una ceremonia en la que participó la viuda del músico, Glodean White.

Barry White se convirtió en uno de los triunfadores de las décadas mencionadas a base de acentuar la pasión y la sensualidad de su música, mientras  sus  canciones seguían hablando al corazón y al sexo de sus oyentes. Las letras de sus canciones eran con un lenguaje directo, cubiertas por una voz suave de barítono que cargaba las palabras de sensualidad. Y a pesar de un aparente declinar, nadie puede negar los 106 Discos de Oro y 46 de Platino que la voz de hierro consiguió mover almas de modo “unlimited”.

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