En el año de 1999 Un comercial de Coca Cola puso en el candelabro de la popularidad a la música clásica, en especial a la ópera. A pesar de ser un comercial que salía de los estándares de la música popular, llamó mucho la atención al ser original y provocar la ternura del espectador aunque no entendiera lo que el tenor cantaba, solo por el hecho del gesto de un niño que al ver al personaje que sufre mientras canta, el sólo piensa en consolarlo ofreciéndole una botella de coca cola ante un auditorio repleto que se pone de pie para aplaudir el gesto espontáneo
El comercial utilizó el segmento más famosos de la ópera Pagliacci (Payasos). Esta es la ópera por excelencia de Leoncavallo, fue su única obra exitosa y describe los contrastes y sentimientos encontrados por la traición, la infidelidad y el sentido del deber que anteponemos algunas veces a la vida personal y todos hemos experimentado como el personaje central Canio, quien es el dueño de un circo con payasos que va errante por los poblados.
Ruggero Leoncavallo, fue un compositor y libretista representante del movimiento “Verista” de la ópera italiana. Su ópera Pagliacci de 1892 le aseguró un lugar en el mundo de la música. Muchos lo consideraban como el mejor libretista italiano de su época, después de Arrigo Boito. Leoncavallo, hijo de un juez, nació el 25 de abril de 1857 en Nápoles, Italia. Ya de niño mostró su talento, siendo admitido a los nueve años en el Conservatorio de Música de Nápoles como alumno de piano y composición. A los dieciocho años, Leoncavallo empezó a escribir su primera ópera, Chatterton. Organizó su estreno en Bolonia, pero un empresario sin escrúpulos abandonó al joven compositor justo antes del estreno. Desanimado y sin dinero, Leoncavallo hubo de ganarse la vida dando clases de piano y voz, y actuando en cafés-concierto.

Finalmente Leoncavallo se decidió a escribir su propio libreto para una ópera a la que tituló Pagliacci. Buscando una historia realista y trágica que pudiera utilizar, recordó una historia real que le había contado su padre. Éste, siendo juez, presidió el juicio a un actor que mató a su mujer en un rapto de celos. La historia se adaptaba a sus necesidades, y la convirtió en la base de su ópera; éste es el “cajón de los recuerdos” al que se refiere en el Prólogo. En la época de los orígenes de la ópera se mezclaban ocasionalmente las partes instrumentales con las cantadas en una especie de preludio, pero desde que el teatro musical desarrolló formas fijas, no existía el prólogo cantado hasta que Leoncavallo lo creó con original inspiración.
Delante del telón aparece Tonio, caracterizado como payaso de la obra que se va a representar dentro de la ópera, e informa al público de que va a ver la puesta en música de un acontecimiento real que ha conmovido profundamente a su autor. Los temas musicales de este prólogo son muy conocidos. Se introducen primero en forma puramente instrumental, pero sólo cumplen su verdadera función cuando se cantan en la ópera. El primero anuncia de manera espectacular el comienzo de la comedia. El segundo parece doloroso. Adquiere luego en el aria de Canio la trágica grandeza del payaso que sonríe mientras sufre por dentro. El tercero es el tema del amor, dulce y delicado; constituirá uno de los elementos principales en el único dúo de amor de la obra, cuando Nedda se refugie en los brazos de Silvio.
En este momento podemos decir que “comience la comedia”. Nos encontramos en una aldea del sur de Italia, a la que, al son de una música llega una compañía de cómicos. La población saluda al grupo y Canio invita a los lugareños a asistir a la “representación” que tendrá lugar esa noche. Tonio quiere ayudar a Nedda a descender del carruaje, pero el celoso Canio lo aparta bruscamente. Los espectadores ríen, creen que es una broma de los comediantes. Los aldeanos invitan a Canio a tomar una copa. Tonio se queda en el carruaje. Alguien advierte a Canio en tono de broma que Tonio podría estar buscando la cercanía de Nedda. Canio se enfurece: aunque en la comedia interpreta el papel de esposo engañado, nunca permitirá en la vida una situación así.
La vehemencia de Canio sorprende a los campesinos. ¿Ha hablado de matar? Sin embargo, vuelve a sonreír, besa a Nedda en la frente y entra en la aldea. La joven trata de librarse de la impresión que le ha producido la angustiosa escena; sabe muy bien que Canio es capaz de matarla. No lo ama, anhela la libertad, una vida diferente. En una gran aria compite con el canto de los pájaros, liberándose interiormente de la pesada carga que soporta. Tonio la ha oído. Nedda es su sueño inalcanzable. Se acerca a ella, le pide un poco de amor. Pero Nedda se ríe de él. ¿Quiere trasladar a la vida lo que en el escenario se le permite de vez en cuando? Debería quitárselo de la cabeza. Sin embargo, Tonio está excitado, quiere abrazarla. Nedda coge un látigo y lo golpea. Tonio grita de dolor y de humillación. Ya encontrará el modo de vengarse.

Silvio sale de los arbustos. Nedda se arroja en sus brazos. Después de la amenaza de Canio y del torpe acercamiento de Tonio, se refugia en el hombre en cuyo amor pone sus esperanzas. En un dúo muy melodioso, deciden huir ese mismo día. Nedda no sospecha que Tonio la ha observado y ha ido corriendo al pueblo a buscar a Canio. El esposo furioso llega a tiempo para ver la despedida de los amantes: “Hasta esta noche… y después, unidos para siempre…”. De un salto, Canio se planta frente a ellos, pero Silvio logra huir. Pese a la insistencia de Canio, Nedda no revela el nombre de su amante.
Se acerca la hora de la representación, los cómicos han de prepararse. Canio no lo ha hecho nunca con tanta amargura. Mientras se pone la ropa de payaso, canta el aria Vestí la giubba (Ponte la túnica), que con las palabras “Ridi, pagliaccio” (Ríe payaso) lleva el drama a un punto culminante. Es la melodía de todos los payasos tristes, pero también de todos los que deben reír… con lágrimas. Este es el punto de éxtasis para el publico y generalmente la opera se detiene unos momentos para brindarle una ovación al tenor en turno.
La ópera continua, Nedda, vestida de Colombina, se pasea nerviosa por la habitación, como si esperase a alguien. Fuera se oye la serenata de Arlequín (Beppo). Pero Nedda no lo puede recibir, pues Taddeo, representado por Tonio, regresa ya del mercado. No sólo no trae el pollo que le había encargado, sino que además intenta besar a Colombina. Ésta lo rechaza y el público ríe. Por último entra Arlequín y echa a Taddeo. Entonces Colombina y Arlequín cantan su amor; ensimismados, no advierten el regreso del esposo de Colombina. Cuando éste oye nuevamente las fatales palabras: “Hasta la noche… y después unidos para siempre”, olvida su papel y grita como si le hubieran clavado un puñal. Se arroja sobre Colombina, mientras Arlequín escapa.
En cuanto vuelve en sí, continúa la comedia, representa el papel del payaso celoso. El payaso quiere saber el nombre del hombre con el que lo engaña su mujer. El silencio de Colombina lo enfurece cada vez más. Al igual que Canio horas antes, el payaso grita enfurecido: “¡El nombre! ¡El nombre!”. Colombina intenta salvar la escena de la comedia: canta la ligera gavota que le exige su papel. Pero el payaso ya no puede seguirla. Unos aplauden entusiasmados, pero otros notan algo extraño y opresivo en la representación. Canio enloquece, no puede pensar, su visión se nubla. Acorrala a Nedda y le clava un puñal en el corazón. Tonio ha mantenido apartado a Beppo, que intuía que iba a ocurrir algo nefasto. Y la multitud que rodea el escenario y ha subido a él con la mayor excitación, impide que Silvio se abra paso. Unos huyen horrorizados. Otros siguen creyendo que todo es una simple actuación. Por fin puede llegar Silvio al escenario, pero el puñal de Canio lo mata a él también. Canio, totalmente ido, cae sobre el cadáver de Nedda. Tonio se adelanta y pronuncia las palabras que se han hecho clásicas: “La commedia è finita…”. “La comedia ha terminado…”
Esta ópera se estrenó el 21 de mayo de 1892 en el Teatro dal Verme de Milán, dirigida por Arturo Toscanini. Pagliacci fue un éxito que hizo famoso a Leoncavallo prácticamente de la noche a la mañana. Por desgracia nunca logró otro éxito igual. Pero al analizar el porqué de este “1Hit” operístico podemos decir lo siguiente: Pagliacci no es una idea original y su modelo más importante fue otra opera: Otello. A pesar de lo que se comentó al inicio de esta colaboración sobre que Leoncavallo afirmó que la génesis de la trama de Pagliacci fue un sórdido juicio por asesinato de la década de 1860. El famoso prólogo que abre la pieza parece hacer referencia a esto, diciendo: “Recuerdos profundamente arraigados se agitaron un día dentro del corazón (del autor), y con lágrimas reales escribió“. (¡Este es probablemente el único caso en el que un personaje ficticio parece conocer la historia detrás del artista que lo creó!).

Por pintoresca y romántica que sea esta noción, se derrumba cuando uno se da cuenta de hasta qué punto Pagliacci es una reescritura verista de Otello . Y me refiero a la ópera de Verdi, no a la obra de Shakespeare, ya que los aspectos de la música son similares además de este resumen lado a lado de la trama y los personajes:
Otello, líder de su pueblo, está casado con Desdemona. La ama, pero su amor está manchado por celos patológicos. Iago resiente a Otello y planea arruinarlo sugiriendo que su esposa le ha sido infiel. Otello está devastado y desconsolado, lo que lleva al asesinato de Desdemona en los momentos finales de la ópera. Otello descubre que Iago mentía: Desdemona era inocente. Al darse cuenta de que ha perdido su honor, Otello se quita la vida.
Si lo comparamos con Pagliacci, Canio, líder de una compañía de teatro, está casado con Nedda. La ama, pero su amor está manchado por celos patológicos. Tonio resiente a Nedda y planea arruinarla sugiriendo a Canio que le ha sido infiel. Canio está devastado y desconsolado, lo que lleva al asesinato de Nedda en los momentos finales de la ópera. Como la ópera se inscribe en la escuela del verismo, Tonio no mentía: Nedda era culpable, lo que significa que Canio ha recuperado su honor. Mata a su amante Silvio.
Escuchada en este contexto, la icónica aria de Canio Vesti la giubba, especialmente en el pasaje culminante “Ridi pagliaccio“, puede entenderse como un descendiente de “Dio! mi potevi sciagliar” de Otello. Ambos son monólogos angustiosos en los que los maridos cornudos lloran la pérdida de su felicidad conyugal con arrebatos estentóreos.
Pido a los lectores que no me malinterpreten. Todos los genios de la música, incluso hablando de The Beatles, recurren a tales préstamos al principio de sus carreras como fue el caso de Love Me Do con Wake up Little Sussie de The Everly Brothers. No estoy menospreciando a Leoncavallo ni a su ópera. De hecho, la habilidad con la que unió todos estos elementos en una obra de teatro visceral y emocionante es asombrosa. ¡Lo hizo bien! Entonces, ¿Qué salió mal con sus fracasos posteriores a Pagliacci ? Simplemente esto, supongo: eventualmente, los compositores deben alejarse de los modelos y encontrar su propio estilo distintivo. No más préstamos. En el caso de Leoncavallo, el alejamiento del verismo apasionado (un término que odiaba) dejó expuesta su estilo “auténtico“, con la triste realidad de que simplemente no era lo suficientemente interesante como para triunfar.
Cuando su siguiente trabajo “I Medici” por fin se estrenó en 1893, despertó una gran expectativa y una gran decepción de la crítica al ser estrenada. La acogida fue fría, y el compositor abandonó su plan de terminar una trilogía que había pensado después del éxito de Pagliacci. Su ópera posterior, La Bohème (1897) fue eclipsada por la versión de Puccini de la misma historia, que se había producido el año anterior con gran éxito. Leoncavallo compuso varias óperas más en los años anteriores a su muerte, que tuvo lugar en Montecatini el 9 de agosto de 1919, pero hoy en día, sólo Pagliacci se representa con regularidad, casi siempre en el mismo programa que Cavalleria Rusticana de Mascagni. Pero Pagliacci es un legado que cualquier artista estaría orgulloso de reclamar. Nunca morirá y un comercial de Coca Cola a finales del siglo 20 nos lo recordó en gran forma.













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