El Pabellón Oeste del Palacio de los Deportes se llenó de regocijo al recibir sobre su escenario al grupo The Flaming Lips. Originalmente planeado para el Velódromo Olímpico de la Ciudad de México, el recital se movió de sede a un lugar mucho más íntimo, un espacio en donde la banda ofreció un despliegue de creatividad y fuerza dentro de su recital, en el cual no faltaron los elementos visuales que suelen acompañar a la banda norteamericana que brilla con la presencia de su líder Wayne Coyne, quien se ha mantenido como el miembro original y principal por más de 40 años.

Originarios de la Ciudad de Oklahoma, el grupo inició en el año de 1983 con Coyne, su hermano Mark y el baterista Michael Ivins. Sus primeros álbumes en la década de los ochenta realmente no llamaron la atención del público, pero eso no le quitó el entusiasmo y perseverancia; para los noventa por fin consiguieron que su obra Transmissions From The Satellite Heart (1993) llegara el primer lugar en la lista de popularidad denominada Heatseeker Charts de Billboard. Después de eso llegaron éxitos como The Soft Bulletin (1999), Yoshimi Battles The Pink Robots (2002) y At War With The Mystics (2006), entre otros.

A lo largo de toda su trayectoria la agrupación ha pasado por muchos cambios en su alineación. Asimismo han logrado mantener un grupo de devotos seguidores y muchos de ellos se encuentran en esta calurosa noche de abril dentro del recinto para ser testigos de un show que promete ser inolvidable. Después de ver tres grupos que fueron los teloneros, Un Perro Andaluz, Gilla Band y el dueto de música electrónica Sextile, The Flaming Lips entraron al escenario alrededor de las 10 de la noche. Aunque previo a su presentación fuimos testigos del montaje del decorado sobre la tarima, con la colocación de los instrumentos, pantallas  y figuras inflables que fueron parte esencial del espectáculo.

Llegó el momento en que el concierto dio inicio, las luces se apagaron y los Lips comienzan a entrar para tomar sus puestos. Wayne Coyne pisó el escenario cuando se escucharon las notas de The Stars Are So Big, que es parte de la canción It Overtakes Me, perteneciente al álbum  At War With The Mystics; los aplausos y gritos llenaron el caluroso ambiente dentro de ese espacio contiguo al Palacio de los Deportes.

Wayne Coyne, vestido de negro, agradece al público que no deja de aclamar y el líder de The Flaming Lips pide que sigamos con los gritos, levanta las manos, se acerca al publico y todos a una sola voz vitoreamos a la banda. Es momento de que aparezcan las canciones Yoshimi Battles The Pink Robots Parte 1 y 2. Unas figuras de robots se inflan y adornan el escenario. Los asistentes ayudamos a hacer los gritos de una pelea de karate que hace el personaje de la canción (hey hey). Los primeros confetis, estos con la silueta en forma del robot rosado que es parte esencial del  arte del álbum, son lanzados al público. Coyne arroja unos globos al público, los cuales se rompen y sueltan más papelitos de color.

Esta es la séptima vez que la banda viene a México, cuatro de ellas en la Ciudad de México y las otras tres en Puebla, Monterrey y Querétaro. Ahora el grupo llegó sin Steven Drozd, una pieza importante, multiinstrumentista, que dejó al grupo el año pasado. The Flaming Lips nos llevan hacia la década de los noventa con los sencillos Turn It On y She Don´t Use Jelly de su obra Transmissions From The Satellite Heart y un tema de 1990, Five Stop Mother Superior Rain del álbum In A Priest Driven Ambulance. Con esto el grupo recuerda una parte de su historia, esa en donde un joven Wayne Coyne poco a poco maduró su talento que le ha permitido seguir vigente dentro del rock.

Las emociones se van desbordando en cada canción, con The Golden Path (en el cual comparten crédito con The Chemical Brothers), ponen a la mayoría a brincar y bailar. Aparecen las botargas de extraterrestres y de un sol; de unos ojos en el tema The Yeah Yeah Yeah Song (With All Your Power) o ese disfraz de Coyne en donde parece que lo carga un alien  durante las canciones  Pompeii Am Götterdämmerung y el cover al tema de Daniel Johnston, True Love Will Find You In The End. Los disparos de confeti continúan, los enormes globos se pasean por encima del público. Wayne Coyne presenta una canción nueva aquí en México, Every Teardrop Cried. En una parte del recital el músico se acerca al micrófono y exclama que aman al público mexicano seguido de la frase “queremos vivir aquí”, lo cual fue aclamado por todos.

El inmueble se llenó de una atmósfera de alegría, de colores que se vuelven una festividad musical. Antes de tocar Do You Realize, el artista nos invita a decir “te amo” a los compañeros que están a nuestro lado, de no olvidar expresar nuestros sentimientos a las personas que nos rodean antes que sea demasiado tarde (Do you realize that everyone you know someday will die?). Al terminar esta canción se van al encore, el cual es muy breve.

Nuevamente el grupo ingresa al escenario. El baterista Matt Kirksey, con su peluca rosa; el guitarrista A.J. Slaughter, el bajista Tommy McKenzie y el tacladista Derek Brown vuelven a tomar sus posiciones y comienzan a toca un cover a Black Sabbath, War Pigs, mientras que Coyne entra con la bandera de Estados Unidos colocada como una capa sobre su espalda. Llega el momento del final, los roadies llevan la burbuja en la que el cantante se mete y se pasea por el público, pero en esta ocasión el hacer esto último no podrá realizarse debido a las condiciones reducidas del lugar. Pero con esto sabemos que la canción será Race For The Prize, la cual se ha vuelto todo un himno para los seguidores del grupo. Nuevamente el ambiente de llena de confetis; la gente salta, sonríe, levanta sus manos y canta con entusiasmo. Coyne, con su inagotable energía, demuestra que tiene las suficientes tablas para lograr convertir ese reducido lugar en un espacio lleno de alegría y hermandad que nos llevó a un firmamento musical lleno de color.

El final ha llegado y Wayne Coyne sale con unos globos plateados que forman la frase Fuck Yeah Mexico City, los cuales pasea a lo largo del escenario, para despues arrojar al público. El concierto ha terminado, el público se retira satisfecho con los rostros felices por vivir un gran espectáculo de una legendaria banda que aún continua satisfaciendo los gustos musicales de nosotros que somos simples seres humanos.

 

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