Es bastante probable que todos los que compartimos las aficiones de la música, el cine, la literatura, hayamos escuchado la célebre melodía de Rhapsody in Blue , así fuera un fragmento, incluso sin saber su título, pues se trata de una de las piezas clásicas del siglo XX, que ha sido divulgada en todos los medios de comunicación, desde comerciales publicitarios a banda sonora de series de televisión y películas. Es una pieza musical que combina lo clásico con el jazz y deja contentos a los seguidores de los dos géneros, de música maravillosa, alegre, bella al oído, rítmica, melodiosa, dulce, simpática, descriptiva e instrumentalmente genial.
El genio que compuso Rhapsody in Blue fue George Gershwin (1898 – 1937). Segundo de cuatro hermanos, su nombre real era Jacob Gershovitz y nació en Brooklyn en 1898 en el seno de una familia de inmigrantes rusos de ascendencia judía. Como parte del inevitable proceso de americanización a que por entonces se sometían prácticamente todos los extranjeros que se asentaban en los Estados Unidos, sus padres no tardaron en modificar los nombres de los integrantes de la familia, con lo que el pequeño Jacob se convirtió en George y su apellido pasó a ser Gershwin.
En los años veinte en la sociedad americana convivían distintos tipos de música. Las clases altas seguían escuchando esa música clásica, “música seria” importada de Europa que tanto prestigio tenía pero estos mismos felices años veinte son, también y sobre todo, los años de la fiebre del jazz. La gente en ciudades como Nueva York, Chicago… abarrotaba los clubes nocturnos y las salas de baile para ver tocar, con sus bandas, a músicos como Louis Armstrong, Duke Ellington… El éxito de la nueva música era incuestionable pero pese a ello el jazz no lograba desprenderse de ese origen plebeyo y afroamericano.
Encajar el espíritu libre del jazz en una forma clásica no fue sencillo pero Gershwin salvó este obstáculo de una manera brillante al utilizar como forma una de las más abiertas que tiene la música clásica: la rapsodia. Por rapsodia en música entendemos una obra compuesta por retazos de diferentes obras o una fantasía con mezcla de diferentes temas y melodías en muchos casos de origen folklórico. Es decir una pieza muy libre en la que el compositor presenta diferentes secciones que no tienen porque tener relación entre ellas. Con esta definición el margen de acción es enorme.
El Director de Orquesta de Jazz Paul Whiteman tenía en mente poder demostrar que el jazz podía ser una música perfectamente adecuada a la sala de concierto y perfectamente aceptada y accesible por la sociedad si se le podía dotar de un cierto carácter sinfónico. Gershwin fue el compositor designado para realizar una obra que lo demostrase y aún pareciéndole que comportaba numerosas dificultades técnicas y musicales aceptó. Fue así que Rhapsody in Blue se compuso en escasamente tres semanas, En los meses que siguieron Gerswhin se olvidó completamente del encargo hasta que tres semanas antes del concierto lo vio anunciado a bombo y platillo en un periódico en el que destacaban que la obra central del programa iba a ser una composición sinfónica escrita por George Gershwin. Sin pensarlo se puso a trabajar para completar el encargo y la profesionalidad del compositor hizo que terminara la obra en el escaso tiempo que le quedaba y con ella el jazz entró por la puerta grande en la sala de conciertos.
La obra inicialmente estaba titulada American Rhapsody (Gershwin cambió el nombre por el de Rhapsody in Blue a sugerencia de su hermano Ira), partiendo del modelo impresionista de nominación de las pinturas y que en parte hacía alusión a algunos elementos propios del jazz como eran «las notas azules«; fue la Rhapsody in Blue. La obra original era una versión para dos pianos, ya que —como el propio compositor advirtió a Whiteman— sus conocimientos respecto a cómo orquestar una obra eran aún muy deficientes. El rey del jazz recurrió entonces a Ferde Grofé (1892-1972), pianista y arreglista de su agrupación, quien se encargó de preparar la versión para piano y banda de jazz que se estrenó en el Aeolian Hall, además de las subsiguientes versiones de 1926 (para piano y pequeña orquesta) y 1942 (para piano y orquesta sinfónica). Esta última es la que conocemos hoy en día y que Gershwin no alcanzó a escuchar, ya que un tumor cerebral le provocó la muerte en 1937.
Rhapsody in Blue Se estrenó finalmente como tenía previsto Whiteman el 12 de febrero de 1924 en el Aeolian Hall con Gershwin al piano y con una acogida con cierta polémica que pronto pasó a ser buena acogida teniendo gran aceptación y difundiéndose rápidamente entre solistas y orquestas. El Experimento en Música Moderna promocionado para el estreno, llamó la atención de gran cantidad de gente, atraída porque Whiteman había asegurado que el concierto contaría con la presencia de algunas personalidades de la música “seria” —el compositor y pianista Sergei Rachmaninoff y el reconocido violinista Jascha Heifetz, entre otros—, quienes llevarían a cabo un debate sobre cuál era la auténtica música estadounidense.
Así pues, al iniciar el concierto, el Aeolian Hall se encontraba atestado. Sin embargo, las cosas empezaron a ir mal. El hecho es que, según parece, Whiteman había llenado la sala basándose en publicidad engañosa: el concierto avanzaba y no se veía aparecer a ningún grande de la música “seria” por ningún lado. Además, el extenso programa no tenía prácticamente nada de música moderna, y mucho menos de experimento. El público empezaba a inquietarse porque el evento duraba ya demasiado y no pasaba de ser una sucesión de obras ya conocidas y sin ninguna relación con el tema anunciado: la Paul Whiteman’s Orchestra interpretaba sin cesar marchas militares, fragmentos de operetas y canciones populares arregladas en un estilo jazzístico mientras se dejaban oír murmullos de inconformidad y los espectadores se miraban unos a otros, decepcionados.

George Gershwin
Incluso algunas personas se levantaron de sus asientos para abandonar la sala, molestas. De pronto, el cuchicheo fue silenciado por el sonido de un intrincado glissando de clarinete que estaba destinado a convertirse en uno de los más famosos comienzos de la historia de la música. Era el inicio de la Rhapsody in Blue de George Gershwin, penúltima obra dentro del programa del desastroso Experimento en Música Moderna.
Ese solo de clarinete (tan amado por el público y tan temido por los clarinetistas) en clave jazzística marca el comienzo de un expresivo y profundo diálogo no solo entre el piano y la orquesta (o banda de jazz, según la versión), sino entre dos formas musicales distintas —la música popular y la música “culta”— hasta entonces separadas por una barrera de índole cultural. Con Rhapsody in Blue, Gershwin entregó a la posteridad un canto dedicado tanto a las grandes urbes estadounidenses (con sus majestuosos rascacielos y el frenético movimiento de sus multitudes) como a la tristeza (es aquí donde encaja el polémico e intraducible blue de su título) del individuo que se encuentra solo en medio de la muchedumbre para ser irremediablemente arrastrado y finalmente aplastado por el vertiginoso discurrir de la modernidad.
En pocas palabras, Gershwin estaba apelando tanto a la nación como al hombre común; y su llamado obtuvo respuesta: el estreno de la Rhapsody in Blue fue un éxito rotundo, y su fama se extendió rápidamente por todo el mundo. Su partitura pasó a formar parte del repertorio de los más destacados pianistas, además de que influyó categóricamente sobre otros compositores de música “seria”, quienes comenzaron a integrar elementos propios del jazz en sus creaciones. Por si fuera poco, hoy en día continúa siendo favorita de todo tipo de público y es la obra de Gershwin que cuenta con más grabaciones en el mercado.
A pesar de que algunos críticos coincidieron en que la obra tenía ciertos fallos estructurales, lo cierto es que con ella Gershwin había logrado —de una manera prácticamente intuitiva— conjuntar acertadamente la riqueza rítmica y armónica propia de las melodías de carácter popular con la inigualable atmósfera de improvisación del jazz y con una estructura formal propia de la música “culta”. Gracias a la unificación de estos elementos tan distintos, la música estadounidense de concierto había encontrado una obra representativa, construida —al igual que los Estados Unidos— a partir de fragmentos de distintas culturas.
Gershwin sin embargo era conocedor de sus carencias compositivas, técnicas y formales por lo que siguió estudiando para su mejora. Emprendió un viaje a Europa, París y Viena, con el objeto de ser admitido por grandes maestros de la época y recibir su docencia aunque lo que en realidad recibió fueron respuestas muy curiosas de dichos maestros como Stravinsky o Ravel a la hora de negarle la posibilidad de darle clases (respuestas curiosas pero que son de lo más sincero que pueda haberse dicho).
Durante ese viaje europeo compuso la fantástica obra Un Americano en París. Es una obra no puramente ilustrativa de escenas (programática) sino muestra de impresiones generales aunque llegó a dejar escrito algunas anotaciones para desarrollar un programa de acción general de la obra y la dotó con la maestría suficiente de elementos coloristas locales que resultan maravillosos (bocinas, temas franceses de canciones, recuerdos con temas de charlestón, etc.) La obra fue estrenada en New York el 13 de diciembre de 1928 en el Carnegie Hall por la Filarmónica de New York y el director Walter Damrosch. A pesar de ciertas críticas, la obra fue un éxito y Gershwin queda entre los grandes compositores musicales americanos del siglo XX. Culmina su breve carrera (una prematura muerte) con su ópera Porgy and Bess, excepcional obra.
Un breve análisis de Rhapsody in Blue nos muestra como inicia con un sensual clarinete que da la impresión de ser un encaje de seda y terciopelo, cayendo desde las alturas de una anatomía femenina en una noche de amor. Antes que se desencadenen sonidos divertidos y contundentes, en la vida como en esta composición inolvidable. Es de hacer notar la importancia dada por Gershwin a los instrumentos de viento (el clarinete es el que empieza, después los trombones, las trompetas, los sax…) es una referencia ineludible a ese jazz que se intenta evocar. Los temas elásticos de acentuación sincopada. Mejor ejemplo que ese solo de clarinete del principio no vamos a encontrar que con su peculiar glissando tan temido por todos los clarinetista nos coloca en el espíritu jazzístico de la partitura. El papel del piano como instrumento solista, que si lo pensamos en términos clásicos estaríamos ante un auténtico concierto para piano y orquesta pero si lo analizamos a partir del jazz es una clara alusión a esos solos donde el músico improvisa.
Un ejemplo magnifico de su difusión de esta gran obra es la versión que hizo Disney para la película Fantasía 2000 , no sólo por la calidad que tiene sino por la manera en que trata la animación en la que la idea de individuo (solo) y el tumulto (la orquesta completa) y que ilustra perfectamente en la trama del corto la de la lucha por ser feliz y hacer lo que realmente queremos. A mi punto de vista es el mejor corto de esta película donde incluso Disney se ocupó de incluir el dibujo animado del propio Gershwin en la secuencia donde interpreta un solo de piano. El propio Gershwin comentaría : “Es una especie de caleidoscopio musical de América, como un crisol de culturas, un intento de reflejar las peculiaridades que tiene como nación y un intento también de mostrar su locura metropolitana.” No hay que olvidar que esta pieza es el homenaje de un neoyorquino, como es Gershwin, a su ciudad y a su estruendosa y ágil vida cotidiana.
Porque pese a ser una música escrita, no improvisada, lo que se no se le puede negar a esta Rhapsody en blue es que mantiene un espíritu, una esencia bastante fiel al espíritu original de lo que se quería evocar y esto en gran parte se debe al carácter rapsódico de la pieza y la estructura melódico-rítmica de los temas empleados. En otras palabras, encajar el espíritu libre del jazz en una forma clásica no parece sencillo pero Gershwin salva este obstáculo de una manera brillante al utilizar como forma una de las más abiertas que tiene la música clásica: la rapsodia.












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