Ayer estaba recordando a una amiga y ex compañera de la secundaria muy querida y que hace años años tristemente se sumó a la estadística de los mexicanos que fallecieron por COVID19. Recuerdo que en nuestros años mozos, a veces nos gustaba juntarnos a oír música. Así como a mí la música de Paul McCartney es mi top, para ella Rod Stewart era su top y Maggie May era su canción favorita. Esta melodía atrapa en su ritmo desde la primera vez que la escuchas y qué decir de la mandolina que le pone un sello casi medieval con una atmosfera de nostalgia. El inicio de la música es por todos conocido con ese “diálogo” entre esta mandolina y la guitarra acústica que da paso a la batería, los teclados, el bajo y por fin a la voz del cantante.
En estos tiempos de frialdad y de la exaltación de la juventud como única fuente de belleza, un humilde servidor cree que nuestra sociedad está cayendo en el error de no prestar atención a lo que es la etapa mejor de la vida, que es la madurez, que gracias al cielo y a los avances de la medicina actual, han logrado que no termine en los cuarenta, si no que navegue con vigor en los cincuenta y penetre en la sesenta con brío. Habrá muchos que busquen en la juventud el elixir de la vida, mas yo soy un adolescente (al menos en espíritu) que como el protagonista de esta canción piensa que lo mejor se encuentra en las mujeres maduras.
Rod Stewart, el autor, es un británico nacido en Londres en 1945. Con tan sólo dieciséis años empezó a formar parte de varias bandas de música rock en las que duraba poco por su disparidad de criterios con los líderes de las mismas, destacando su participación en The Jeff Beck Group y The Faces. Al mismo tiempo empezó a grabar discos en solitario en los que emergían las versiones con algún tema original, y es en el tercero Every Picture Tells A Story en el que se incluyó Maggie May que en 1971 le consiguió el ansiado número uno de las listas inglesa, americana y de medio mundo. Rod comentó: “Al principio, Maggie May no iba a estar en el álbum. Era demasiado inusual. La canción dura más de cinco minutos y no tenía un coro pegadizo. Pero cuando terminamos el álbum, encontramos que estábamos cortos de una canción. Entonces, agregamos a Maggie May”.
Aunque Maggie May es el título de esta canción icónica, esos dos nombres nunca se mencionan juntos en la letra de la canción. Es parecida en el nombre y casi la pronunciación con Maggie Mae, el título de una canción popular de Liverpool y que estaba asociada con el nombre de una prostituta de la estación de trenes de Lime Street en la ciudad portuaria. The Beatles incluyeron un fragmento de esta canción popular en su álbum Let It Be. Stewart solía presentar a Maggie May diciendo: “Esta es Maggie May”.
La letra de la canción de Stewart en realidad cuenta la verdadera historia del primer encuentro sexual del cantante con una mujer. Años más tarde, en 2007, fue entrevistado por la revista Q y aclaró lo referente a la inspiración de la canción diciendo: “Maggie May fue más o menos una historia real, sobre la primera mujer con la que tuve sexo, en el Festival de Jazz de Beaulieu… y terminó en unos segundos”. Rod Stewart asistió a ese festival de música como fanático, en ese momento, y no como intérprete.
La canción expresa los sentimientos mezclados del joven implicado en la relación fortuita con dicha mujer. Esta es una canción con mensaje que dice algo y son de las que merecen la pena traducir, aunque luego te quede una sensación de melancolía extraña. ¿Será acaso porque alguna mujer nos ha dejado esa huella imborrable por un encuentro de magia y pasión sensual? El cual nunca olvidaremos hasta el fin de nuestros días porque fue especial y al paso de los años lo empezamos a aquilatar. ¿O será por el amor que pudo ser y tal vez en ese momento ella tenía compromiso moral y hasta legal, pero eso no impidió fundirnos en ese encuentro tan esperado por los dos?. La letra de Maggie May nos narra a un “pobrecillo” que sólo quería encontrar una amiga con la que pasar el verano y que por el contrario, se topó con el amor en los brazos de una mujer mayor que él y que le robó el corazón y le usó para “satisfacer sus deseos, los más sublimes y los más perversos” y ahora que llega la hora de volver al colegio le pide que le deje libre porque si no tendrá que hacerse un vago sin oficio ni beneficio o meterse en una banda de rock y seguir con ella, qué dilema ¿no?
Musicalmente destaca por la voz rasposa e inconfundible de Stewart, la melodía pegadiza de Quittenton, y la llamativa mandolina de Ray Jackson de la banda Lindisfarne. La canción encabezó las listas de Estados Unidos alcanzando a la vez el número uno en Reino Unido, algo que tan sólo han conseguido artistas de la categoría de The Beatles, Michael Jackson o Simon & Garfunkel. Maggie May sigue siendo el mayor éxito basado en mandolina jamás grabado, aunque el tema musical de El Padrino, lanzado al año siguiente podría compartir este halago.
Ray Jackson, que como se comentó, interpreto la parte de mandolina que aparece en la introducción y el final de la canción, demandó a Stewart por regalías atrasadas en 2003 a pesar de que le pagaron como músico de sesión durante la grabación. Otra curiosidad de la grabación, es que supuestamente el baterista Micky Waller rompió su pedal de bombo y tuvo que tocarlo con una baqueta, razón por la cual no tiene mucha impacto. Irónicamente, la canción casi quedó fuera del álbum porque el sello discográfico no consideró que tuviera una melodía lo suficientemente fuerte, pero tuvo que ser incluida al final.

Maggie May sólo tiene tres secciones, estrofa, estribillo y solos, pero la distinción entre estrofa y estribillo no es muy fuerte. Gran parte de la interpretación en Maggie May es muy suelta y da la sensación de que no hicieron muchas tomas para descubrir el papel de cada músico. Dicho esto, existe un acuerdo específico que funciona bien. Así es como se ven los elementos del arreglo:
Debido a su duración, al sencillo y sus rediciones se le cortó la introducción que comienza con una mandolina y una guitarra acústica de 12 cuerdas junto con el bajo tocando una línea de contra, cuando comienza el verso, entra la voz principal al igual que la batería. Mientras que la batería, el órgano y las guitarra de 12 cuerdas tocan de manera bastante directa, el bajo nunca toca lo mismo dos veces y generalmente se improvisa en todo momento, excepto en la introducción y el interludio. Durante el estribillo (“Me llevaste lejos de casa…”), el patrón de acordes cambia para todos los instrumentos tal como estaban durante el verso.
Los siguientes dos versos y estribillos tienen exactamente la misma instrumentación, pero el patrón de acordes cambia ligeramente durante el solo de guitarra. Durante el cuarto verso y el coro, se agrega un piano eléctrico que toca acordes arpegiados aleatorios.
El sonido de Maggie May es bastante fino, especialmente el bajo y el bombo, que prácticamente no tienen graves. Aunque no todos los miembros de la banda de Rod, The Faces, tocaron en el álbum, este fue en general el sonido de la banda durante toda su vida. El panorama es extraño, con la batería enfocada fuertemente hacia la izquierda y el bajo hacia la derecha. La introducción y el interludio tienen dos mandolinas que están ligeramente extendidas hacia la izquierda y hacia la derecha, mientras que todo lo demás está panorámico hacia el centro.
Rod fue el productor del álbum, pero como era el caso de muchos en aquel entonces, eso probablemente significó solamente seleccionar la toma y establecer la sensación de la canción en lugar de dirigir a la banda como lo es la producción de hoy en día. Además, no se puede decir que Stewart realmente tuvo visión comercial, ya que ni él, ni su coguionista ni el sello discográfico pensaron que Maggie May alcanzaría los niveles de éxito logrados. Dicho esto, la historia ha demostrado tantas veces que lo que los artistas, productores y compañías discográficas no aman es justo lo que el público quiere.
La introducción de mandolina de 32 segundos que aparece en la versión del álbum se agregó más tarde. Escrita e interpretada por Martin Quittenton, figuraba como una canción separada llamada Henry; en las versiones británicas de Every Picture Tells A Story. Esta fue la forma en que Stewart le dio a Quittenton una bonificación: sin importar la duración, cualquier canción de un álbum genera regalías para el escritor. Aunque la sección fue eliminada para darle la duración común esperada en las estaciones de radio, aun así llegó a las 5:11 minutos, mucho más que la mayoría de los sencillos de éxito.
Cuando la canción se convirtió en un éxito, la popularidad de Stewart superó la de su grupo, por lo que los programas de los conciertos de The Faces comenzaron a promocionarse como The Faces with Rod Stewart, lo que lo convirtió en el centro de atención. Stewart se mudó a Estados Unidos unos años después de que esto saliera a la luz. Le estaba yendo muy bien allí, pero también quería evitar los enormes impuestos que Inglaterra aplicaba a los artistas de altos ingresos. Esto fue más o menos al mismo tiempo que The Rolling Stones abandonaron Inglaterra por motivos fiscales.
Claramente hoy hemos puesto en el banquillo a uno de los grandes temas de este cantante fanático del equipo de futbol Celtic Glasgow, el cual hasta estos días sigue siendo coreado en sus conciertos por todo el mundo. En 2004, la revista Rolling Stone situó a Maggie May en el puesto 130 en su lista de las 500 mejores canciones de todos los tiempos. Mi querida Rosalinda, a donde quiera que estés, siempre te recordaré al escuchar esta canción…












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