Ya se ha dicho casi todo del llamado “camaleón del rock” David Bowie y por mi parte me declaro conocedor superficial de su obra, no soy su fan y sólo tres canciones de su obra se resumen a las que conozco. Como un fan consumado eso si del grupo de la Reina, Queen, tuve mi primer acercamiento a Bowie cuando adquirí en 1982 el LP del álbum Hot Space que contenía la canción a dúo Under pressure que sería infamemente pirateada por Vanilla Ice 11 años después.

Posteriormente a mitad de la década de los 80 con el boom de los videoclips, dos sencillos de Bowie se hicieron de mis favoritos en cuanto mi repertorio ochentero, el primero era Blue Jean que en el video mostraba a Bowie como un beduino árabe con maquillaje fosforescente y Let`s Dance de ritmo bastante pegajoso y como su título lo dice, muy bailable

David Bowie publicó el álbum Let´s Dance en plena expansión del pop de sintetizador en la primera mitad de los años ochenta. Es uno de sus discos más exitosos y comerciales y quizás en el que David había alcanzado la madurez plena, estando en su momento más álgido tras su exitosa trayectoria hasta la fecha.

En 1983 Bowie llevaba más de una década entregando discos de factura muy interesante y variada. Desde los más íntimos Hunky Dory, a los más experimentales como Heroes, más allá de su canción título, ya que el resto de la obra es bastante controvertida, gracias en gran parte a la presencia de Brian Eno en la producción y también  a la composición de los temas.

 

A Bowie se le nombra con varios apodos o pseudónimos. Por un lado el Duque Blanco y por otro el Camaleón del Rock. Este último estriba en la capacidad de David de adaptarse a los tiempos musicales por los que atraviesa y la de veces que ha conseguido cambiar su cara o su estilo musical de forma notable. No podemos dejar de lado que en la primera mitad de los 80 estaba en plena explosión el techno-pop y por otro lado estaba la vertiente neo romántica derivada de la new-wave, en la que destacaban gente como Duran Duran y Spandau Ballet con sus elegantes atuendos.

Pues Bowie no quiso quedarse al margen y con Let´s Dance se presentó con un elegante corte de pelo, ataviado con elegantes trajes de color claro y con un estilo pop muy accesible y bailable. De hecho el título que viene derivado de uno de los clásicos temas que incluye el disco, es toda una declaración de intenciones de David respecto a la obra. Pongámonos a bailar pues.

La grabación de Let’s Dance fue rápida, aunque no por eso menos caótica. El álbum completo, según Nile Rodgers, de Chic, que también produjo el álbum, se grabó y mezcló en aproximadamente diecisiete días durante diciembre de 1982. Quienes conocían a Bowie de antes también se sintieron decepcionados. Tony Visconti había reservado tiempo en su agenda para trabajar en el álbum, solo para enterarse de que Rodgers ya llevaba dos semanas trabajando en la Central Eléctrica; ofendido, no volvió a hablar ni a trabajar con Bowie durante casi veinte años.

A Carlos Alomar se le pidió que proporcionara la guitarra, pero sólo ofreció una tarifa ajustada; Alomar le explicó a la gente de Bowie qué podían hacer con su tarifa ajustada y, en consecuencia, no aparece en el disco (aunque sí estuvo en el escenario, junto con su antiguo compañero de entrenamiento Earl Slick, en Milton Keynes). En su lugar, trajeron a Stevie Ray Vaughan, quien había charlado con Bowie en el Festival de Jazz de Montreux de ese verano, y casi de inmediato lo ficharon para la grabación.

 

Esto fue más de lo que se podía decir de un Rodgers en gran parte desconcertado, que pasó horas en el estudio trabajando en ritmos en un esfuerzo por aproximarse a lo que creía que Bowie quería. Por lo tanto, no fue sorprendente que el resultado final sonara para algunos algo apresurado y mucho más corto que sus treinta y nueve minutos asignados Pero el disco cumplió con la intención de Bowie: la canción principal fue el sencillo más exitoso de su carrera, el álbum lo devolvió a lo más alto del Billboard Top 200 y vendió unos siete millones de copias en todo el mundo. El hombre sin el cual, se creía, ni el Nuevo Romanticismo ni el Nuevo Pop habrían existido, había regresado para demostrar quién mandaba, aunque le costara demostrar cómo había llegado a serlo.

Es sin duda el mejor ejemplo de que Bowie era un artista flexible, ya que con el sencillo del mismo nombre del álbum, Let´s Dance, logró un tremendo éxito y que el tema sonara en cualquier pista de baile. Los sonidos de la guitarra, esos teclados y efectos sonoros algo estridentes y también el ritmo del bajo, dan lugar a una canción brutalmente rítmica y en definitiva otro clásico de la historia de la música que se anotaba Bowie. También se grabó un video en el que Bowie se encuentra en un bar de carretera, el cual da la impresión que no dispone de aire acondicionado y en el cuál la gente se anima a bailar espontáneamente.

Si analizamos este gran tema, Let’s Dance, sin duda podremos notar que hay lugar para frases míticas de la historia de Bowie como ese alegato inicial “Ponte tus zapatos rojos y baila el blues”, pero claro, hay que bailarlo como se merece, que no es de otra forma que “bajo la luz de la luna, la seria luz de la luna”; esta última frase dio título a una gira mundial en la que se David se embarcó para aprovechar el éxito del álbum y del sencillo; así mismo se lanzo posteriormente un dvd escenas de la gira en cuestión.

El tema comienza con histeria, una multitud de cantantes se impulsan mutuamente hacia arriba, moviéndose en terceras, perseguidos por una guitarra de sonido quebradizo, la batería, el bajo y los instrumentos de viento se convulsionan. Para muchos será una explosión colectiva que ya habrán escuchado, si, han atinado,  es la introducción coral de Twist and Shout de The Beatles, una fiesta para enloquecer al público. Para Let’s Dance, es solo la intro.

 

La canción es un híbrido mutante de una canción pop, una creada para conquistar. Bowie y su productor Nile Rodgers crearon la canción para que gustara cuando se escuchara en la radio, Bowie declararía al respecto: “Tiene un corte duro, muy alto en agudos, que quema”, pero también hicieron que el ritmo fuera lo suficientemente pesado como para dominar la pista de baile. La versión de más de siete minutos (en el LP y el sencillo de 12″) es expansiva: a medida que avanza, se convierte en una serie de piezas establecidas (solo de percusión, solo de metales, solo de guitarra), como si un DJ estuviera barajando discos de baile. La edición del sencillo es despiadada, en tiempo corto y la aparición inicial de Stevie Ray Vaughan se trunca a una sola nota, su solo posterior se mantiene dentro de los límites y se desvanece rápidamente.

Incluso en su versión larga, Let’s Dance parece estilizada: empieza a medio salto y se mantiene en el aire. La estrofa y el estribillo se fusionan (la frase descendente let´s dance se alterna con cada verso), mientras que el puente, repleto de ganchos, podría duplicar el estribillo, y termina con el clímax dramático de la canción: Bowie, cantando sobre la introducción de Twist and Shout, hace dos intentos fallidos de ascender (” if you should fall “…” into my arms …”) —ahora solo está provocando al oyente— hasta que finalmente estalla con el “¡ trem-ble like a FLOW-ER!! ” que abarca la quinta parte.

Let´s dance ha sido grabada por diversos cantantes y diversos ritmos, existen más de 40 covers posteriores a la versión de Bowie entre los que podemos mencionar uno de Tina Turner, una versión al estilo Jazz de Laura Godziejewska y la banda Culture Club la ha utilizado en los últimos años para la apertura de sus conciertos y es que Let’s Dance todavía funciona en las pistas de baile; aun la he visto  ser reproducida en algunas fiestas recientes, algunos DJ despistados la lanzan en un momento adecuado y la gente se contagia y sale a la pista como si fuera un nuevo lanzamiento que encajó en la clave de su tiempo. Let’s Dance  llegó al número 1 en el Reino Unido, número uno en los Estados Unidos, número uno en Canadá, Irlanda, Holanda, Suiza, Nueva Zelanda, Noruega. Convirtió, por fin,  a David Bowie en la celebridad colosal que siempre había pretendido, siempre había fingido ser.

La canción quizás fue el último gran éxito descomunal de Bowie. Me refiero a que uno de sus trabajos consiguiera sonar tanto y tan bien a nivel mundial, puesto que Bowie siguió editando nuevo material casi hasta su fallecimiento y después de que este disco que hemos repasado saliera a la venta. También hubo momentos de gloria posteriores puntuales de Bowie, pero ninguno de sus siguientes discos de estudio consiguió destacar tanto en solitario.

 

La portada del álbum proponía otro enfoque distinto de la expresión que titula la obra. Me refiero a que Bowie aparece con el torso desnudo y con unos guantes de boxeo enfundados que hacen referencia a esa expresión pugilística de tanteo entre oponentes en un combate de boxeo. No deja de ser un aspecto curioso éste que les comento. David lucía sin maquillajes ni lentejuelas y con aspecto varonil. Recuerdo que el Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos 11 con algunos amigos comentábamos, “dejó atrás lo andrógino, se volvió hombre”. En los programas de televisión especializados de aquellos años, el video de Let’s Dance se difundió de manera frecuente e incluso, me prestaron el LP y recuerdo que de inmediato, me gustó también el tema que abría el álbum, que era Modern Love, que tenía ritmo.

Sobre el gran éxito que tuvo el álbum y la gira, en una entrevista, Bowie manifestó: “Sin duda, 1983 y ‘The Serious Moonlight Tour’ fue significativo en llevarme a una audiencia mucho más grande de lo que hubiera alguna vez presumido que estaría interesada. Debo de confesar que no me sentía muy cómodo al principio cantando Let´s dance; no era mi estilo original, pero a la gente le encantaba y la mayoría la estaba esperando durante los conciertos”. Y aunque en los primeros meses de su lanzamiento Let´s dance parecía no agradarle del todo al camaleón del rock, este sería el más grande éxito de David Bowie en su carrera.

La gira Serious Moonlight Tour del mismo año llenó estadios en todos los países e llevó incluso a  David Bowie a ocupar la portada de la revista Time. El éxito y repercusión de Let’s Dance, ayudó mucho el aspecto audiovisual, muestra añadida de la capacidad de adaptación de David al medio, puesto que selló al menos 3 videoclips que quedaban bastante bien en su difusión en los espacios musicales de la televisión. En los siguientes años Bowie seguiría estando en la primera fila musical, destacando por ejemplo ese dueto que se marcó con Mick Jagger, grabando la canción Dancing in the Street, con motivo de la inminente celebración del evento Live Aid donde acudió y volvió a dejar constancia que el camaleón del rock estaba más vigente que nunca.

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