Recordando el viaje que hice a Israel en 2017, varias veces me tocó escuchar la famosa Hava Nagila en tierras judías. La melodía que hace una referencia al versículo 24 del capítulo 118 del libro de los Salmos, nació de mano de uno de los pioneros en la investigación de la música judía moderna y alrededor de uno de los años definitivos para el futuro estado de Israel: 1917.
Hava Nagila pasa por ser la canción judía más famosa del mundo. Pertenece al repertorio tradicional hebreo y su título significa “Alegrémonos”. Se trata de un canto de celebración muy popular entre la comunidad judía, y se ha convertido en un elemento básico del repertorio de sus músicos. Parece que la melodía es antigua, pero la letra es relativamente moderna (primer cuarto del siglo veinte) y su mensaje se reduce a decirnos que nos alegremos, que seamos felices, que cantemos y que nos despertemos con un corazón feliz.
Durante la Primera Guerra Mundial, el pequeño asentamiento judío en la Tierra de Israel que aún permanecía bajo control del Imperio Otomano experimentó una serie de tragedias que amenazaron su propia supervivencia: muchos residentes de Yafo y Tel Aviv fueron expulsados de sus hogares y deportados a Europa, la fuente de apoyo financiero del nuevo asentamiento cesó por completo y la amenaza de una repetición del Genocidio Armenio (esta vez en contra de los judíos de Israel) parecía cada vez más una realidad. Había muy pocas razones para la felicidad y el regocijo, pero todo esto iba a cambiar.
El investigador, compositor y profesor de música judío Avraham Zvi Idelsohn había inmigrado a la Tierra de Israel en 1905 y era un ávido sionista, y fue ser arrastrado por las oleadas de entusiasmo que inundaron la ciudad de Jerusalén con las dos grandes noticias de 1917: la Declaración de Balfour el 2 de noviembre y la rendición de Jerusalén a los británicos el 9 de diciembre. El musicólogo Eliyahu HaCohen da algunos detalles en su obra Los primeros diez años: de las canciones de Jerusalén al comienzo del período del mandato, 1918-1928, sobre la redacción de la canción: “Cuando comenzaron a celebrar el día de la redención en Jerusalén, todos los ojos se volvieron hacia Idelsohn, con la esperanza de que compusiera la canción definitiva para expresar los eventos y la emoción pública”.
Idelsohn eligió, en lugar de componer una melodía completamente nueva, injertar nuevas palabras en un viejo niggun jasídico que probablemente escuchó en el “Tiferet Yisrael“, la sinagoga de los jasídicos de la dinastía de Sadigura en Jerusalén ya en 1915. Entonces, consciente o inconscientemente, implantó las palabras “Hava Nagilah” y “Uru Ajim“, en el niggun, un estilo de canto religioso, que había escuchado de los jasídicos. Eliyahu HaCohen sugiere dos explicaciones sobre la manera en que se compusieron las palabras de la canción, ya sea que Idelsohn solo o con la ayuda de sus alumnos en la Escuela Lemel en Jerusalén la haya compuesto. De cualquier manera, las nuevas palabras hacen referencia al versículo 24 del capítulo 118 del libro de los Salmos, “Este es el día que Dios hizo, nos alegraremos y nos regocijaremos en él”.
Aunque la canción nació en Israel es de raíz yasídica, es decir, que llegó a Palestina a principios del siglo XX de manos de los inmigrantes europeos. La letra de algunas canciones fueron traducidas del yidis al hebreo. El yidis es una lengua milenaria, se desarrolló tanto en Europa Central como en Europa del Este a partir del siglo X y fue desde evolucionado en cada una de estas regiones junto a las lenguas locales. Tras la emigración de la población judía hacia el continente americano, y particularmente debido a los devastadores efectos del Holocausto, la población que hablaba yidis fue reducida de 13 millones en 1930 a 3 millones de personas en 2005.Los judíos ortodoxos emplean a diario esta lengua para comunicarse entre ellos, ya que consideran que la lengua hebrea propia de la Antigüedad es sagrada y sólo debe ser empleada en las plegarias o para el estudio de la Torá (el núcleo central de la biblia judía).
La otra gran corriente dentro de la música hebrea es la música sefaradí es distintiva de la comunidad judía proveniente en la Península Ibérica. Hay tres tipos de canciones sefaradíes: las canciones de actualidad y entretenimiento, el romance y las canciones espirituales o ceremoniales. Sus letras pueden estar escritas en hebreo (sobre todo las religiosas) y en judeoespañol. Tras la expulsión de los judíos de España y Portugal, esta música se propagó desde la Península Ibérica por Marruecos y a varias partes del Imperio otomano, como Turquía, Grecia, Jerusalén, los Balcanes y Egipto. También por parte de Hispanoamérica, como en Argentina. La música sefaradí se adaptó a cada uno de estos lugares. Partiendo de comunidades como la de Hervás asimiló los tonos agudos del norte de África, incluyendo su típico ulular, los ritmos de los Balcanes, por ejemplo en compás de 9/8 y el modo turco maqam. Música y poesía nacida en las juderías de Extremadura y resto de comunidades de Sefarad (nombre hebreo para la península ibérica) para el mundo.
La música, junto con la danza, han sido siempre un exquisito canal de expresión de los sentimientos y la experiencia religiosa de los pueblos del mundo. El Antiguo Testamento, particularmente los salmos, nos invitan a celebrar las maravillas de Dios, con cánticos, con instrumentos musicales, con danzas y con palmas. Sí, tomarnos de la mano, bailar juntos, alegrarnos por los beneficios de su amor, esto significa para el hombre bíblico alabar a Dios, y gozarse en su salvación.
Música y Religión se hermanan y se convierten en un referente de la identidad de los pueblos, de las señas de pertenencia a una historia, a una tradición colectiva que tiene su propia fisonomía cultural, su idiosincracia. Más allá de la experiencia religiosa personal, el himno Hava Nagila se escucha en distintas celebraciones comunitarias y personales de los judíos. Particularmente me ha llamado la atención su uso en los banquetes de boda, como los mexicanos utilizamos la “víbora de la mar”.
En la década de 1950, la canción dio otro gran salto cuando artistas no judíos comenzaron a grabarla. Uno de los primeros cantantes en comenzar a interpretar a Hava Nagila fue la superestrella estadounidense Harry Belafonte. Belafonte descubrió la canción en Nueva York en la década de 1950, y la adoptó como uno de sus grandes éxitos. Más tarde recordó que las dos canciones por las que era mejor conocido eran su famoso «Day-O» (también llamado «The Banana Boat Song») y Hava Nagila.
La experiencia más conmovedora de Belafonte cantando el éxito tuvo lugar en la década de 1950 en Alemania, luego explicó a los documentalistas Roberta Grossman y Sophie Sartain. «Me golpeó un poco duro que aquí estaba, un afroamericano, un estadounidense, de pie en Alemania, que una década antes había sido responsable de asesinatos en masa, estos jóvenes alemanes cantando esta canción hebrea de regocijo: ‘Tengamos paz , Vamos a alegrarnos «. Y me emocioné mucho».
Hava Nagila se ha convertido quizás en la canción judía más reconocible. La gimnasta olímpica Ally Raisman actuó a su ritmo vertiginoso durante los Juegos Olímpicos de 2012 y ganó una medalla de oro en el proceso. En 2013, cuando el gobierno coreano patrocinó una competencia musical de «estilo Gangman» en Israel, la ganadora fue una adolescente llamada Eva Kamun, que ganó con la interpretación de esta canción clásica.
Artistas de China a África a Europa del Este y más allá abrazan la canción. Una búsqueda de Hava Nagila en Youtube arroja más de medio millón de videos de todo el mundo. Hay versiones muy buenas como la realizada por el cantante español Raphael e incluso es utilizada en el film “The Jazz Singer” interpretada en dicha película por Neil Diamond
El júbilo en la canción y las palabras inspiradoras transmiten una verdad judía profundamente sentida: que todos anhelamos trascender los desafíos en nuestras vidas. Que todos deseamos ser las mejores personas de las que somos capaces. Que todos queremos ser felices. Y que cantar y escuchar la felicidad en Hava Nagila puede brindarnos a todos una medida de alegría.










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