Se ha mencionado en múltiples ocasiones que el fenómeno del rock and roll llegó a las multitudes juveniles a través de los medios masivos de comunicación. El cine tuvo una parte importante en ello, ni qué decir de la radio. Sin embargo, en pocas ocasiones podemos leer acerca del importantísimo papel que la relativamente nueva televisión -en los años 50, claro está- jugó en la difusión del ritmo de cuatro tiempos.

La presente columna rinde homenaje y recuerdo a uno de los primeros programas de televisión que tuvo al rock and roll como su temática prioritaria. No deja de sorprender que fuera la ultra conservadora BBC de Londres la transmisora del mismo y que endureciera sus políticas con respecto a los programas de música juvenil años después. Live to tell, mate.

Recordemos que la BBC fue fundada en 1922 como British Broadcasting Company y se convirtió en corporación pública en 1927. Durante la Segunda Guerra Mundial informó a la gente y sostuvo la moral británica. Las transmisiones regulares de televisión de la BBC comenzaron el 2 de noviembre de 1936 desde el Alexandra Palace en Londres.

Fue el primer servicio regular de televisión de alta definición del mundo. Estas transmisiones  se suspendieron en 1939 debido a la Segunda Guerra Mundial y se reanudaron en 1946.

El 16 de febrero de 1957, la BBC hizo una concesión cautelosa pero histórica a la cultura juvenil al lanzar su primer programa de rock and roll.

Six-Five Special irrumpió en la televisión la noche del sábado 16 de febrero de 1957. Fue el primer programa que llenó el espacio de silencio en la programación entre las seis y las siete, conocido en Inglaterra como The Toddler ‘s Truce (“la tregua del niño pequeño”), un momento en el que los padres podían acostar a sus hijos. 

Sin embargo, Six-Five Special atraía más al público joven y el Radio Times prometía “mucha música, al estilo moderno, con rock and roll, grupos de skiffle, jazz tradicional, con los mejores grupos y solistas”. La emisión estaba programada originalmente para solo seis semanas pero su éxito la llevó a casi dos años de emisión. En un cambio sutil pero revelador, esa hora recuperada se convirtió en un escenario para la misma generación cuyos gustos comenzaban a inquietar al establishment.

El rock and roll de 1957 era más, mucho más que ruido estadounidense importado; era un símbolo visible de la transformación de la posguerra. Los adolescentes británicos, sobre todo de Londres (en las provincias era muy diferente) recién definidos como una fuerza cultural y económica, obtenían ingresos disponibles, compraban discos y reivindicaban su identidad a través del estilo y el sonido. Al instalar a Don Lang and His Frantic Five en la sala y permitir que Murray cantara su ahora famoso verso, “Time to jive on the old six-five”, la BBC intentó domesticar la energía indomable de la rebelión de la era de Elvis en algo adecuado para el salón de estar en la casa.

El resultado fue, a la vez, contención y catalizador: una emisora ​​estatal que reconocía que la cultura juvenil ya no podía ignorarse, incluso mientras buscaba enmarcar el rock and roll dentro de límites respetables.

En retrospectiva, Six-Five Special se erigió como un punto de inflexión en la historia cultural británica. Marcó el momento en que los guardianes de la moral pública reconocieron que el público del futuro -y la Gran Bretaña del futuro- no estarían moldeados únicamente por la tradición sino por el ritmo, la amplificación y una generación ansiosa por ser vista y escuchada.

Algunas figuras que desfilaron por el programa: Tommy Steele, Cliff Richard, Lonnie Donegan, Marty Wilde, Terry Dene, Wee Willie Harris, Petula Clark, The Vipers Skiffle Group, The King Brothers y The Johnston Brothers, entre muchos otros.

El programa Six-Five Special dejó de transmitirse en el Reino Unido el 28 de diciembre de 1958. Pero la semilla que dejó sembrada fue clave para aquellos primeros rocanroleros británicos y pavimentó el camino para emisiones posteriores como “Oh Boy!” de las que hablaremos en alguna columna en el futuro.

Por lo pronto, les dejo un clip de aquellos días, para que vean cómo era el programa:

 

Y para despedirme, una versión del tema de sintonía del programa más jazz-a-billy, para tener una idea de las primeras muestras del incipiente rock británico:

 

¡Hasta la próxima!

 

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