Sin duda, hablar de David Byrne es referirnos a todo un artista. Un músico que a lo largo de los años ha gustado de experimentar con diversos géneros y texturas musicales, creando un estilo propio que demuestra en cada álbum que publica y en cada espectáculo en vivo que presenta. No podemos ignorar su paso por Talking Heads, desde el punk hasta el rock más sofisticado; sus discos como solista, además de sus colaboraciones con Brian Eno, Fatboy Slim y St. Vincent, entre otros. En cuanto a sus giras y recitales, David Byrne ha visitado la Ciudad de México en varias ocasiones, dejando grandes recuerdos de shows en vivo —desde aquella tormenta que cayó en el Teatro Ángela Peralta durante el concierto de la gira Rei Momo, narrada en una crónica del periodista Pablo Espinosa— y, por supuesto, lo que se vivió en el Teatro Metropólitan en este 2026 no fue la excepción.
El tour Who Is the Sky? de David Byrne llegó a la Ciudad de México los días 4, 5 y 6 de septiembre de 2026. Habían pasado alrededor de ocho años desde que el septuagenario músico visitó el país con su gira American Utopia en 2018. Este nuevo espectáculo se originó como una extensión de su álbum de 2025, el cual ha recorrido varias partes del mundo. La nueva puesta en escena de David Byrne va más allá de la nostalgia. Sobre el escenario, el músico se rodea de un ensamble de trece instrumentistas y bailarines que ejecutan, cargan y danzan en perfecta sincronía en cada una de las canciones. Por supuesto, este montaje es herencia de la gira American Utopia, pero en esta ocasión ha evolucionado: su diseño es más colorido tanto en el vestuario como en las imágenes presentadas en las tres pantallas LED colocadas sobre el escenario.
El concierto inició minutos después de las nueve de la noche. Previo al show se advirtió que estaba permitido grabar con el celular siempre y cuando no se molestara a las personas de alrededor, y que hubiera cordialidad entre los asistentes. Se escuchaban sonidos de aves cuando el recinto se apagó y apareció David Byrne vestido de color naranja, al igual que todos sus músicos y bailarines. El show dio inicio con una versión minimalista de Heaven, de Talking Heads, en la que Byrne estuvo acompañado solamente por tres de sus músicos. Las pantallas nos trasladaron hacia un paisaje lunar en el que se observaba el planeta Tierra: “el único cielo que tenemos”, dijo el artista.

Después de esta entrada, le entregaron una guitarra acústica y tocó el riff que anuncia Everybody Laughs, de su disco Who Is the Sky? (2025), momento en el que entraron los demás músicos y bailarines. A partir de ahí, el diseño del concierto se presentó como un crescendo: arrancó de manera íntima y fue aumentando de escala gradualmente hasta abarcar cada rincón del teatro con un contagioso despliegue de energía colectiva. Los músicos nunca están estáticos; cada uno se mueve en perfecta coreografía por todo el escenario, cargando los instrumentos —como las percusiones y los teclados— con un arnés.
Una vez terminado este tema, Byrne comentó, en un español algo apretado, un viaje que realizó a Oaxaca y mostró fotos en las pantallas. En una de ellas se apreció el dibujo de una calavera en la que se leía “Fuck ICE”, lo que provocó los aplausos del público presente. Después, para presentar la siguiente canción, And She Was, contó una anécdota de cuando tenía 16 años y conoció en la escuela a una chica que siempre se veía feliz. Él le preguntó cuál era su secreto y ella le explicó que le gustaba recostarse en el pasto, cerca de una fábrica de chocolate, y probar LSD.
A lo largo del concierto, Byrne entregó un repertorio que equilibró parte de su trayectoria musical. Los clásicos de Talking Heads —como la misma And She Was, la hermosa This Must Be the Place (Naive Melody), Houses in Motion, Slippery People, (Nothing But) Flowers, Air, Psycho Killer, Life During Wartime (con el mensaje anti-ICE en las imágenes proyectadas sobre las pantallas) Once in a Lifetime y la que cerró el show Burning Down The House— nos llevaron a la nostalgia, pero curiosamente no para anhelar un pasado que no regresará; al contrario, cada canción suena renovada, precisa y fresca dentro de un presente en el que se pueden encontrar optimismo en tiempo complicados.
Este mismo equilibrio del setlist le permitió incluir sus cortes como solista de una manera orgánica y agradable. Canciones como el sencillo T-Shirt, en el que en las pantallas aparecieron las frases más recurrentes escritas en las playeras, incluido el “I Love Mexico”. También pudimos escuchar las agradables Strange Overtones (en la que colaboró con Brian Eno), Like Humans Do (que dedicó a la protección de los animales), la tropical Independence Day (de Rei Momo) y la esperanzadora Everybody’s Coming to My House.

Con respecto a esta última canción, Byrne narró una bella historia: contó que, cuando la pandemia empezaba a aflojar, iba en bicicleta por el centro de Nueva York y de repente escuchó un sonido familiar que no lograba identificar. Se detuvo en medio de la calle, se bajó de la bici y prestó atención. Entonces se dio cuenta: “era el sonido de la gente hablando entre sí en las terrazas y restaurantes al aire libre que estaban reabriendo”. Llevaba tanto tiempo sin oír ese murmullo de conversaciones que casi no lo reconocía. Con esto concluyó que, a pesar de “todas las diferencias y de toda la locura del mundo, a las personas les encanta estar con otras personas”.
Por supuesto, el artista también recurrió a canciones nuevas del LP Who Is the Sky?, como la ya mencionada Everybody Laughs, What Is the Reason for It? —la cual interpretó en la versión del Instituto Mexicano del Sonido de Camilo Lara y, en esta ocasión, para sustituir la voz en español de Natalia Lafourcade, la bajista de origen brasileño Kely Pinheiro—, When We Are Singing, Moisturizing Thing y My Apartment Is My Friend.
David Byrne sigue manteniendo su creatividad y presenta un espectáculo lleno de energía y reflexión, que mantiene al público de pie en todo momento que ovaciona cada canción, cada anécdota o incluso el momento en el que se agachó para abrochar su calzado. Byrne es un músico que no niega su pasado; al contrario, de él saca las mejores experiencias y las transforma para que sean su fortaleza en las creaciones del presente. Un verdadero artista que ha trascendido en la historia de la música y nos sigue alimentando el alma con su arte.












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