Uno de los cantantes favoritos de mi señor padre era Daniel Santos, gran cantante puertorriqueño que hizo época en los años 40 y 50 en México y que tenia el mote del “Jefe”, incluso es autor de la canción llamad Perdón que grabara como un cover con gran éxito el trovador Oscar Chávez. Hoy trabajando estuve escuchando mucho la música que le gustaba a mi papá (Daniel Santos, Carlos Gardel, Guty Cardenas, Agustin Lara, Beny More, etc.) Y me topé con la canción que era una de las favoritas de mi Papá, se llama Despedida y evoca una plegaria de un hijo a su enamorada, pero la segunda parte es una reflexión hacia la madre y su suerte en caso de la ausencia del hijo.
En sus últimos años de vida terrenal de mi papá, cuando mi abuela materna con mis tías se fueron a radicar a Veracruz, a mi papa se le salía una que otra lagrima al escuchar en la segunda parte de la canción, situación que me conmovía y lo veía con respeto. A últimos años, me ha tocado entenderlo aun mejor, estar en esa posición, conmoverme hasta las lagrimas y ahora yo me veo muy reflejado también al escuchar y recordar a mi Mamá, será por todo lo pasado por ella y visto por mi desde que se fue mi Papá.
Daniel Santos nació en Santurce, Puerto Rico en 1916 y falleció en Ocala, Florida, en 1992. Tuvo además del mote del “jefe” otros como “El Inquieto” y “Anacobero” y está considerado el intérprete puertorriqueño más importante del siglo XX de canciones latinoamericanas en géneros como la guaracha, la pachanga o el bolero. Su voz triunfó en toda Latinoamérica junto a grupos musicales legendarios como el Cuarteto de Pedro Flores y la Sonora Matancera. Era hijo de un modesto carpintero y una costurera y tuvo que trabajar desde muy joven como limpiabotas para contribuir al sustento familiar; como otros tantos puertorriqueños, emigró junto a sus padres y hermanos a Nueva York a finales de la década de 1920. Con tan sólo catorce años decidió independizarse y comenzó a ganarse la vida como integrante de diversas formaciones musicales, dedicadas a amenizar fiestas y celebraciones.
Sus inicios en su carrera musical tuvieron un inicio fortuito cuando en una tarde de 1938, mientras se duchaba, entonó alguna canción y miembros del Trío Lírico lo escucharon desde la calle. Inmediatamente los integrantes del trío localizaron de donde provenía aquella peculiar voz y le hicieron de inmediato una oferta para sumarse a la agrupación; como ganaba muy mal en su trabajo de aquel entonces aceptó la propuesta de unirse a ellos. Durante los años treinta formó parte además del Trío Lírico y el Conjunto Yumurí, y actuó en locales de moda como el Borinquen Social Club, Los Chilenos y el Cuban Casino. Por otra parte comenzó a alternar cantando con dos orquestas y a veces sustituía mesoneros en un bar, donde ganaba 17 dólares semanales. Fue precisamente ahí donde lo conoció el maestro de la música, compositor y poeta Pedro Flores quien, al escucharlo, lo reclutó para su cuarteto. En los primeros años de la década de los 40 alcanzó la fama interpretando algunos de los mejores temas del maestro Flores, como Irresistible, El último adiós, Prisionero del mar, Virgen de media noche y Guaracha amorosa. En 1941 fue elegido por Xavier Cugat para sustituir al cantante Miguelito Valdés al frente de su orquesta, pero nada más unirse al grupo debió abandonarlo al ser llamado a filas por el ejército norteamericano.
Muchos puertorriqueños fueron enviados por el ejército de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial. Entonces Daniel grabó uno de sus grandes éxitos: Despedida, que le abrió las puertas del mercado norteamericano. Despedida fue compuesta por Flores y cuenta la historia de un recluta que tuvo que dejar a su novia y a su madre enferma. Daniel sufrió el mismo drama que el joven de la canción al saber que fue reclutado. Después de la guerra, él se hizo partidario del Partido Nacionalista de Puerto Rico, anhelando que su Puerto Rico se independizara de los norteamericanos. Incluso grabó junto a Pedro Ortiz Dávila dos temas llamados Patriotas y La lucha por la independencia de Puerto Rico. Por todo ello, siempre estuvo en problemas con el FBI y el Departamento de Estado de Estados Unidos.
Al terminar la guerra, en 1946, Daniel se traslado a Cuba donde Bobby Capó, dueño de la emisora de radio RHC Cadena Azul, le presentó a Amado Trinidad, que le contrató para un programa titulado Bodas de Plata Portagás; a partir de entonces su fama no hizo más que aumentar en la isla caribeña, donde ya era conocido como el Anacobero, en referencia al tema con el que solía hacer su presentación. Tras trabajar una temporada para la Cadena Radial Suaritos, fue contratado por Radio Progreso como vocalista del conjunto la Sonora Matancera; este feliz encuentro lanzó inesperadamente su carrera artística hacia el estrellato, de forma que se convirtieron en el grupo musical latino más famoso y escuchado de toda Hispanoamérica, con especial éxito en la República Dominicana, México, Colombia y Venezuela.
Entre los sus albums mas importantes tenemos épocas de oro con la Sonora Matancera, Daniel santos cantando en ingles, álbum poco difundido en su carrera en Latinoamérica. Posterior grabó el álbum Celos con Lola, un álbum sensacional, muy versátil. Incluso Daniel grabó un excelente álbum llamado Recordando a Gardel, interpretando tangos. En 1957 compuso en honor a Fidel Castro, a quien admiraba, la canción Sierra Maestra, que posteriormente se convirtió en himno de la revolución castrista; paradójicamente, terminó por abandonar Cuba poco tiempo después de la implantación del régimen comunista, y ya no regresó nunca a la isla que le vio triunfar. De talante rebelde e independiente, Daniel Santos profesó la ideología nacionalista que plasmaría junto a Pedro Albizu Campos en varias canciones de protesta como Amnistía, Los Patriotas, etc.
Por una parte, era un cantante extraordinario, capaz de conmover la más profunda fibra de quien lo escuchaba. Por otra, llevó una vida personal nada ejemplar, y su conocida afición por el alcohol y las mujeres le costó varios encarcelamientos. Era un mujeriego y parrandero incorregible, tuvo doce hijos y llegó a casarse 12 veces, llegó a vivir en un antro de prostitución en Caracas (la historia se refleja en la película El pez que fuma, de Román Chalbaud) y, como tercera faceta, como ya comentamos, resultaba ser un independentista que se rebeló contra la condición colonial de su Puerto Rico natal, y simpatizó con la Revolución Cubana como ya se había comentado.
Cuando hizo una gira en Nicaragua lo pusieron preso porque se negó a cantar en un burdel donde iba a estar el Dictador Anastasio Somoza y la plana mayor del gobierno. En Republica Dominicana, lo encerraron por faltarle el respeto en un programa de radio, al hermano del dictador Chapita Trujillo. Le contó un chiste a Pedro Vargas en un estudio en donde estaba prohibido reírse. El único que podía reírse era el hermano del dictador que era el director de la radio. Los multaron con 50 dólares y no los quiso pagar. También estuvo preso por formar escándalos y por peleador callejero y en bares.
En México, durante una presentación tuvo un altercado con un músico. Cuando Daniel estaba a punto de comenzar a cantar, el músico borracho sacó un fusil y le hizo varios disparos a la fachada del teatro. La gente salió despavorida, destrozaron parte del teatro. Daniel se fue para su hotel, y aun faltándole una actuación, al otro día abandonó el país. Nunca más volvió a México. Aparentemente, el fuerte y poderoso sindicato de artistas mexicanos lo vetó por incumplimiento de contrato.
El secretario de prensa de Daniel Santos en la etapa final de su gloriosa carrera musical, da fe en una publicación de que una vez que Daniel santos arrodillaba su pierna derecha en el escenario y cantaba acongojado los últimos versos de Despedida, se retiraba entre sollozos a la soledad del camerino, y ya nunca más regresaba al escenario, por más que el público le pidiera con sus enardecidos aplausos una última canción. “Esa fue la despedida y no puedo cantar otra, porque ya me despedí como el soldado que marcha y no regresa“, así le decía a su secretario cuando este acudía a su camerino para pedirle complaciera la petición del público de regresar para un encore.
En 1981 tuvo lugar un fantástico homenaje a su figura, con la ovación más estruendosa como saludo de bienvenida que se recuerda en el Carnergie Hall neoyorkino en ocasión de la celebración de los sesenta y cinco años del recinto. Se dice que antes de subir al escenario pidió una botella de ron. En esa actuación, como en todas las que hizo en los últimos años, Daniel Santos se acostumbró a hablar mucho antes de cantar. Era su manera de comunicarse con el público antes de iniciar temas como Esperanza inútil. Cuando llegaba el turno de cantar la canción Linda, zapateaba para tomar impulso y marcar el arranque para los músicos.
En sus últimos años, Daniel Santos sufrió varios derrames cerebrales que le afectaron su comportamiento en público. En una ocasión, en el hotel Wellington, “El Jefe” se tomó unas copas de más en el bar y se orinó en el pasillo, de hecho, en 1991 hizo un último viaje a Colombia, llegando a Cali tan cansado que tuvo que hacer toda la primera representación sentado. En la segunda representación, cuando se abrió el telón, Daniel Santos no pudo hablar. Cada segundo que pasaba con la orquesta tocando y el congelado en el escenario presagiaba lo peor y el público no sabía qué hacer. Había un silencio de muerte. A los tres minutos habló. Habló del desorden de su vida, que esto era el resultado de los excesos, y se refugió con Dios. Tomó fuerzas y volvió a zapatear para cantar Linda y la gente estalló en aplausos.
Ya en vísperas de dejar el mundo terrenal, Daniel Santos gustaba de hacer un recuento de su vida como lo podemos leer en una de las últimas entrevistas que dio: “No soy millonario, fui pobre y soy pobre, hay algo más grande que el dinero que es la felicidad y ahora la busco todo el tiempo, quiero tener amistades, yo fui un tipo de la calle, un bohemio. Sólo dejaré de cantar cuando me claven en la caja y me metan para abajo. Le tengo miedo a la muerte. Un hijo mío se suicidó y yo lo quería con el alma. He pasado días muy tristes, pero la vida es buena. Yo le pediría a Dios que me dé más vida.”
“El jefe” murió en su rancho en Ocala, Florida el 27 de noviembre de 1992 y fue enterrado en el cementerio de Santa María Magdalena de Pazzis en el Viejo San Juan, Puerto Rico, cerca de las tumbas de Pedro Flores y de Pedro Albizu Campos. Su tumba fue abierta en 2001 para enterrar al también cantante Yayo el Indio. Su estilo en el canto fue único, tanto que fue imitado por varios cantantes, entre ellos Charlie Figueroa, Tito Cortés y Tony del Mar. Su figura, grandiosa a la vez que controvertida, fue tema principal de las obras de varios escritores compatriotas suyos: La importancia de llamarse Daniel Santos, de Luis Rafael Sánchez; El Inquieto Anacabero, de Salvador Garmendia; Vengo a decirle adiós a los muchachos, de José Antonio Ramos; y fue mencionado por Gabriel García Márquez en Relato de un náufrago.
“El jefe” vivió su vida como él quiso dejando una huella inolvidable dentro de los trovadores latinoamericanos y cuando alguien escuche la canción Despedida, seguramente además de pensar en su propia madre, siempre habrá admiración para la poderosa voz que le dio vida a este ya clásico nostálgico,












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