Seleccionar página

Brian Eno es considerado uno de los músicos y productores más influyentes de las últimas cinco décadas. El genio de Eno ha permeado a varios de los artistas con los que ha trabajado, quienes siguen vigentes en este siglo. Su trayectoria atraviesa el glam, el art-rock, la electrónica experimental, la producción de discos icónicos y, sobre todo, la creación de un nuevo género: la música ambient.

Entre los grupos con los que ha colaborado se encuentran Roxy Music (del que fue integrante), Talking Heads (y David Byrne en solitario), U2, Laurie Anderson, John Cale, Devo y David Bowie, entre muchos otros. Con cada uno de ellos creó discos que, en muchos casos, se consideran obras maestras de la música y, por supuesto, del rock. Además de su labor musical, es un artista visual y un teórico que maneja conceptos artísticos muy interesantes. Con todo este bagaje musical y cultural que posee Brian Eno, se ha realizado un documental que busca, de alguna forma, acercarnos más al artista y al ser humano.

La película documental Eno (2024), dirigida por Gary Hustwit —responsable de cintas como Helvetica (2007), Objectified (2009) y Rams (2018)— nos lleva a explorar el arte y los conceptos musicales-artísticos de Brian Eno. Independientemente del contenido del filme, aquí se presenta una nueva forma de exhibición en la que se empleó una técnica llamada “tecnología generativa”. Según información proporcionada por el propio cineasta durante su presentación en el Festival de Cine de Sundance, se afirmó que este es el primer largometraje que utiliza dicha tecnología.

Hustwit decidió experimentar con esta técnica porque Brian Eno ha sido un músico que, a lo largo de su carrera, ha innovado en múltiples aspectos de su trabajo, utilizando la tecnología para crear atmósferas sonoras. De acuerdo con algunos portales especializados, la tecnología generativa “no es inteligencia artificial generativa tradicional —es decir, no crea imágenes nuevas a partir de modelos de entrenamiento—, sino un sistema de software propietario que selecciona, reordena y crea transiciones a partir de un vasto archivo de material ya existente”. Por tal motivo, cada proyección en una sala de cine es única e irrepetible. El software genera una película diferente en cada función, con secuencias distintas e incluso con una banda sonora que no se repite.

Antes de comenzar la cinta aparece un mensaje que informa de esta novedad. Se ha dicho que muchas personas la vieron varias veces en el cine para vivir la experiencia de un metraje distinto en cada proyección. Se afirma que se pueden crear alrededor de 52 mil billones de billones de versiones de la película. Quienes tuvieron la oportunidad de verla en más de una ocasión aseguran que, pese a que cada proyección es diferente, existe una estructura que permanece similar: una apertura que muestra a Brian Eno en su estudio; a continuación, a Eno hablando de arte y música; no falta el momento en el que menciona sus Oblique Strategies; escenas de naturaleza, y el cierre. Lamentablemente, para quien esto escribe no fue posible vivir esta acontecimiento, ya que la vi en una plataforma de streaming que no cuenta con este tipo de tecnología. Sin embargo, lo importante es el contenido de lo que se vio en pantalla.

La película Eno, al menos la versión que me tocó ver, comienza con un collage de imágenes de video que mezclan distintas etapas de la vida del músico, para luego introducirnos en su estudio, donde empieza a teorizar sobre la música y la manera en que esta representa lugares y espacios, como si fuera un ente vivo que nace de la imaginación (“de cierto modo es crear un espacio para mí mismo”). Las secuencias avanzan y observamos a Eno en entrevistas, en conferencias, en su estudio y en su jardín, hablando de la naturaleza. Cada uno de estos momentos se enlaza mediante una transición generada por computadora que elige de forma aleatoria las imágenes.

 

Al referirse a la música generativa que él mismo crea, el artista explica que cada nota elegida es como dar vida (“es como esculpir algo que de cualquier forma posee vida; la miras evolucionar. Comienzo a pensar en mí mismo como alguien que ha creado cosas que querrían tener su propia vida”). Con todas estas reflexiones musicales que comparte a lo largo de la cinta, Brian Eno nos ofrece verdaderas lecciones sobre este arte; como se menciona en el documental: “Brian Eno es nuestra escuela de arte”.

A diferencia de otros documentales en los que aparecen entrevistas a músicos que hablan a favor o en contra del personaje central, aquí apenas hay algo de eso. En un momento aparece Laurie Anderson, pero no dice nada relevante; sólo suelta unas frases. Lo que sí se muestra es parte de la trayectoria de Eno: sus inicios con Roxy Music, donde experimentó con los sonidos; después su paso a la producción, en la que ha trabajado con artistas de géneros muy diversos. Asimismo, habla de sus propias obras como solista, centradas en la creación de atmósferas sonoras a las que se bautizó como “Ambient Music” (Eno detesta ese nombre) y en el uso de hardware y software para darles vida.

Vemos a Eno tocando con Roxy Music, grupo al que, según narra, se unió de manera fortuita; también lo vemos produciendo, junto con Daniel Lanois, el álbum The Unforgettable Fire (1984) de U2 y en algún momento nos muestra detalles sonoros al incio de la canción Moment Of Surrende del disco No Line on The Horizon (2009) de los irlandeses. Asimismo, aparecen en material de archivo escenas de su colaboración con David Byrne y Talking Heads, en las que cuenta que el artista que lo influenció en ese periodo fue el nigeriano Fela Kuti, cuyo estilo le presentó a Byrne y dio origen al álbum Remain in Light (1980).

Uno de los momentos más curiosos es aquel en el que presenta las famosas Oblique Strategies, un conjunto de cartas con frases cortas como “la repetición es una forma de cambio”, “honra tu error como una intención oculta” o “usa una idea antigua”, entre muchas otras. Eno las utiliza cuando le falla la inspiración y necesita una guía para continuar. Explica que estas cartas surgieron de una colaboración con un artista plástico Richard Schmidt. La película ofrece una anécdota divertida de la época en que trabajaba en la trilogía de Berlín con David Bowie. Bowie también elaboró sus propias tarjetas y, mientras creaban música, cada uno sacaba una carta como si se tratara de un juego, para confrontar las ideas del otro. Ninguno revelaba su carta hasta ponerla sobre la mesa. La de Eno decía: “No cambies nada y continúa con una consistencia inmaculada”, mientras que la de Bowie leía: “Destruye la cosa más importante”. Todo esto ocurrió durante la grabación del tema Moss Garden del álbum Heroes (1977).

Desde el punto de vista tecnológico, el documental Eno es una obra innovadora por el uso de este sistema “generativo”; sin embargo, en esencia es una película que explora las distintas facetas del músico, su arte sonoro y visual. Quizá esta cinta sea una buena manera de acercarse a un artista fundamental que se ha atrevido a experimentar y a crear nuevas formas de expresar y dar vida a cada nota e imagen que imagina.

error: Contenido protegido