En lo que va de la segunda década de este siglo XXI, las redes sociales se han expandido, para bien o para mal, en casi todos los ámbitos sociales, políticos y culturales. En cuanto a la música, gran parte de ella se da a conocer a través de las aplicaciones que inundan los dispositivos móviles y, de forma mediática, se convierten en éxitos de un momento a otro, aunque con el riesgo de apagarse pronto. En las redes sociales el éxito de hoy es sustituido al día siguiente por uno nuevo de manera inmediata (como dijo Andy Warhol, viven sus quince minutos de fama).

Muchos de los grupos y solistas que surgen dentro de lo que se conoce como “viral” tienden a ser anodinos, pero cuentan con melodías pegajosas y mucho ritmo, las cuales suelen servir de fondo para los videos graciosos de los usuarios. Dentro de todos estos, emergen manifestaciones musicales que llaman la atención, como es el caso del dúo canadiense Angine de Poitrine, quienes, por su imagen y su música, han logrado que propios y extraños se volteen a verlos, escucharlos y sorprenderse.

El concepto que ofrece este par de músicos es un minimalismo musical experimental en el que amalgaman el llamado math rock —estilo que se define como aquella música que aplica la precisión de un relojero y la complejidad de una ecuación a la energía del rock, priorizando el ingenio técnico sobre la estructura melódica tradicional— con microtonalidades, bucles sonoros y una disonancia constante que fascina a quienes los escuchan.

 

Además de la música, el guitarrista y bajista Khn y el baterista Klek se enfocan también en lo visual. Utilizan disfraces en blanco y negro, máscaras algo bizarras, vestuario con lunares y brazos y piernas pintados también con puntos. Todo esto para transmitir un concepto extraterrestre. Para reforzar esa idea, en las entrevistas sólo emiten sonidos incomprensibles (aunque, curiosamente, en los programas de televisión cuentan con traductor) o distorsionan su voz con efectos para hacerla robótica.

El dúo se formó en 2019 en Chicoutimi, Quebec, por los amigos Klek y Khn (aún se desconocen sus verdaderos nombres, lo que les otorga un halo de misterio), quienes se conocían desde la adolescencia. De acuerdo con una entrevista con Klek, el proyecto surgió de manera fortuita en un club donde tocaban dos veces en el mismo día:

«Teníamos un amigo que administraba un local de música. Cuando nos dijo que buscaba una banda para llenar un espacio, pensamos que podríamos presentar nuestro dúo microtonal. Pero nos preocupaba que la gente no viniera, porque habíamos tocado allí recientemente con otro proyecto. Pensamos: “¡Si cambiamos de nombre y nos disfrazamos, nadie nos reconocerá!”, explicó el baterista.

De acuerdo con declaraciones que han hecho en los medios, ellos reconoce que sus influencias van desde la banda británica Gentle Giant, los australianos King Gizzard & the Lizard Wizard y Frank Zappa, entre otros. Muchos críticos especializados señalan que su música presenta influencias de la música del Oriente Medio, jazz fusión, rock progresivo y blues, todo ello con un característico uso microtonal.

Por supuesto, lograr destacar en un entorno tan competitivo como el de la industria musical los llevó dedicarse a otras actividades durante la crisis pandémica de 2020. Tras tocar en clubes y algunos festivales, los quebequenses fueron ganando atención de forma gradual, aunque inicialmente sólo a nivel local. En 2024 publicaron su primer LP, Vol. 1, del que se desprendió el sencillo «Sherpa», que se difundió ampliamente en plataformas de streaming.

En este primer álbum mostraron su talento para crear melodías de math rock, del estilo de bandas como Don Caballero, Battles o Covet (Yvette Young), pero con ese sello microtonal que los hace diferentes, además de que Klek y Khn se encargan de toda la instrumentación con la ayuda del productor Fabien Peterson y los ingenieron Dany Lemay y Gabriel Gagné Gaudreault. Con seis canciones instrumentales, en donde la voz es tan solamente un instrumento más que sirve de contrapunto con la melodía. Un caso curioso del disco es el corte Tohogd el cual es un anagrama de “hotdog”. En la breve biografía del dueto para plataformas streaming se lee: “Discípulos de las deidades del rock del planeta Tierra, los viajeros del espacio-tiempo Klek y Khn de Poitrine contemplan con asombro los perritos calientes, las pirámides y la música rock en todo su glorioso exceso”.

Si bien el dueto pudo haberse quedado en la sombra, porque su álbum publicado de manera independiente no logró figurar en ningún chart, llegó el momento en que se volvieron virales gracias a una presentación que tuvieron en la estación de radio KEXP de la ciudad de Seattle. El grupo tuvo presencia en redes sociales, por su imagen y música, por lo que sus videos se compartieron por usuarios de todas partes del planeta hasta ser un fenómeno internacional.

 

Su segunda producción discográfica, Vol.2 (2026), básicamente es una continuación de su anterior obra. Quizá con cortes “más elaborados”, producidos sólo por ellos y nuevamente con la colaboración de Lemay y Gagné Gaudreault como ingenieros. Los seis temas que conforman este nuevo álbum presentan melodías microtonales e instrumentales que de nueva cuenta sorprenden por esos cambios de ritmo. Cortes como Fabienk (dedicada al productor Fabien Peterson), con ese riff que da paso a toda una elaborada melodía con una gran base rítmica. También nos encontramos como piezas con un rock fuerte (y muy psicodélico) como UTZP, Sarniezz y Yor Zarad que son una muestra de su talento que va más allá de la redes sociales y lo viral.

En sus presentaciones en vivo podemos observar que el dueto solamente utiliza una guitarra microtonal unida a un bajo –tocada por Khn-, más sus pedales para  darle los efectos correspondientes a cada melodía y agregar secuencias de ritmos y a esto se le suma la fuerza de la batería ejecutada por Klek. Claro que los disfraces que utilizan a veces les llegan estorbar y reducen su visión en el escenario, Khn afirmó en una entrevista que estos son “totalmente insoportables y extremadamente perjudicial para la actuación”, pero aclara que seguirán con este “truco” que les ha dado fama.

No podemos saber cuál será el destino de Angine de Poitrine, sólo el tiempo lo dirá y por supuesto su propia capacidad musical que los lleve por un proceso evolutivo en sus siguientes obras. Por lo pronto se podrá decir que esto es el rock del futuro hoy, pero lo cierto es que el futuro es todo un misterio y por lo pronto en el presente podemos disfrutar de la música de este dueto canadiense. Mientras tanto ellos seguirán manteniendo el anonimato y como lo explicó el baterista Klek: “Es un juego, es divertido, Y es bueno tener una barrera entre la vida personal y la profesional”.

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